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CAPÍTULO 2

 

UN ANALISIS DEL LIBRO

 

Traducido del Inglés Por: Oscar Margenet Nadal

Revisión para la edición electrónica: Daviel D’Paz

 

Voy a presentarles en este capítulo un análisis de todo el libro de Apocalipsis. La idea que se enfatiza en este análisis es que nadie debiera intentar interpretar un libro hasta que lo haya meditado como un todo –insisto: como un todo- y haya ordenado en su mente los asuntos que trata, relacionando sus partes y evaluando su importancia relativa. El análisis propiamente dicho será dado al final del capítulo; pero, ahora voy a anticiparles algunos comentarios. Antes que nada, les doy el breve análisis hecho por nuestro Salvador mismo. En el verso 19 del primer capítulo leemos: “Escribe, a) las cosas que has visto, b) y las cosas que son, c) y las cosas que han de ser después de estas.” 

 

La primera división es Las cosas que Juan vio. Está referida a la visión de los versos 12 a 16 inclusive. Allí leemos: “Y me volví para ver la voz que hablaba conmigo; y vuelto, vi siete candeleros de oro, y en medio de los siete candeleros, a uno semejante al Hijo del Hombre, vestido de una ropa que llegaba hasta los pies, y ceñido por el pecho con un cinto de oro. Su cabeza y sus cabellos eran blancos como blanca lana, como nieve; sus ojos como llama de fuego; y sus pies semejantes al bronce bruñido, refulgente como en un horno; y su voz como estruendo de muchas aguas. Tenía en su diestra siete estrellas; de su boca salía una espada aguda de dos filos; y su rostro era como el sol cuando resplandece en su fuerza.” 

 

Esto es lo que Juan vio. La segunda división se refiere a “las cosas que son”; a ellas se hace referencia en los capítulos 2, 3, 4 y 5. A su vez, Las cosas que son constan de dos subdivisiones; la primera: el estado de las iglesias; no como les parecía a ellas que eran, sino como Dios las veía. Es la escena terrestre de las cosas que son; una visión muy desalentadora por cierto. La segunda: en los capítulos 4 y 5, entre las cosas que son, hay una escena celestial que revela el trono de Gracia, con todos sus operadores y actividades en favor de las iglesias imperfectas; y esta sí, es una visión alentadora. 

 

Luego, la división de las cosas que han de ser después de estas comienza en el capítulo 6 y se extiende hasta el final del libro. Esta es la parte profética del libro. Este es, entonces, el análisis del Salvador. Mi propósito es darles mi propia elaboración de Su análisis; no una versión mejorada –si ustedes me comprenden- sino una elaboración del mismo. Y por más completo que pueda dárselo, cuando lleguemos a la interpretación del libro y al desarrollo del análisis, todavía habrá una cantidad de subdivisiones que no pueden incluirse en un bosquejo.  

 

La primera parte de mi bosquejo es la introducción al libro hecha por el autor. En un sentido general todo el capítulo 1 está dedicado a eso. Comienza por dar el título del libro. Es decir, su origen, su medio de comunicación, su naturaleza, cómo se legitima, a quién se lo legitima y su valor. De ello tratan los versos 1 al 3. La segunda parte de la introducción del autor es el saludo a las iglesias (del verso 4 al 8). Siguiendo el método de casi todos los escritores el Nuevo Testamento, él comienza con un saludo, una acción de gracias, o invocación. La tercera parte de la introducción del autor comienza en el verso 9, y nos dice cuándo, bajo qué circunstancias, él llegó a escribir el libro. 

 

Esto incluye la voz que él escuchó y la visión que vio; el efecto que tuvo sobre él; y la explicación de la visión por parte de Quien se la dio. Resumiendo, esta es la introducción del autor al libro. El libro consiste en una serie de revelaciones, todas diferentes entre sí; la primera de ellas aparece en el verso 12 del primer capítulo, extendiéndose hasta el verso 16 inclusive. Esta visión es la revelación de nuestro Señor en Su gloria y en Su relación con las iglesias y pastores, a quienes les da una indicación respecto de su misión. Esta es la primera gran revelación del libro. Es una revelación de nuestro Señor no en Su humillación, o en el estado que tenía antes de venir al mundo, sino en Su humanidad glorificada.

 

Tenemos aquí un vivo retrato de Jesús como el que murió, pero que vive para no morir jamás. Esta primera revelación es intensamente atractiva, pues nos revela a Jesús como es ahora en su estado glorificado, y en Su relación con las iglesias y pastores cuya razón de ser es reflejar Su luz en el mundo. Al pensar en Jesús mucha gente usa sólo su memoria, como en el bautismo o en la cena del Señor. Piensan en Él como el que nació en Belén, como un bebé en el pesebre, como un niño en el templo, como cuando fue bautizado o cuando era guiado por el Espíritu en Su misión terrenal, enseñando las parábolas como maestro o realizando milagros. O lo piensan en la cruz, o en la tumba; todo en el pasado. ¡Cuán inmensamente importante es para nosotros, entonces, una visión de Jesús hoy! 

 

La segunda revelación –capítulos 2 y 3- es unas escena terrenal del estado de las iglesias tal como Jesús las ve; no como ellas suponen que son, sino por lo que son a la blanca luz de la Omnisciencia y Santidad divinas. Llamamos a esta parte del libro “las cartas a las siete iglesias”, aunque estas cartas simplemente dan una descripción a cada iglesia de cómo Dios la ve. Por ejemplo: una iglesia tiene nombre como de estar viva, pero Dios la ve como muerta; otra iglesia piensa que es rica y poderosa y que no tiene necesidad de nada, pero Dios la ve miserable y pobre, ciega y desnuda. Otra iglesia se cree sumamente ortodoxa, y Dios la ve comprometida con la peor forma de idolatría.   

 

Ustedes no deben pensar –les ruego que no lo hagan- que estas cartas a las 7 iglesias son profecías. No deben pensar que representan siete períodos proféticos; que el primero de esos periodos es cuando la cristiandad está en el estado de la iglesia de Éfeso; que el segundo período coincide con el estado de la iglesia de Esmirna; y que el último período representa al estado de la iglesia de Laodicea. Algunos sostienen que estas siete iglesias representan siete períodos de la cristiandad; este es un error Premilenialista. Ustedes encontrarán hoy, iglesias que son lo que estas siete iglesias eran en aquella época. No todas las iglesias serán como fue la de Éfeso, pero algunas de ellas lo serán. No todas las iglesias serán como lo fue la de Filadelfia, pero algunas de ellas lo serán. No todas las iglesias serán como lo fue la de Laodicea, pero algunas de ellas lo serán.

 

Digo que el resultado de esta revelación es altamente desalentador cuando uno compara la primera revelación que muestra al mundo iluminado por las iglesias con la siguiente revelación, pues en ésta, aquella queda anulada por la condición defectuosa de las iglesias. La tercera revelación, la segunda de las cosas que son, es una escena del cielo, en los capítulos 4 y 5. El trono de gracia en el cielo, con una visión del Dios Trino y el Querubín, y todas las actividades angelicales destinadas a ayudar a las iglesias para cumplir con su tarea. No dejaría de lado los capítulos 4 y 5 de Apocalipsis ni por todo el oro del mundo.

 

 Cada vez que me desaliento al estudiar el estado de las iglesias, paso esas páginas y abro los capítulos cuatro y cinco y leo acerca del trono de gracia; y entonces, recobro esperanzas sobre el trabajo de las iglesias.  La cuarta revelación comienza en el primer verso del capítulo sexto, y se extiende hasta el primer verso del capítulo octavo, inclusive.  Eso es profecía: la apertura de los sellos. El libro que estaba sellado es el libro de los eventos futuros, y ahora el León de la tribu de Judá romperá los sellos y les permitirá ver la sucesión de hechos futuros. Desde un simple enfoque, lo que presentan los sellos se extiende desde la época en que Juan escribió, hasta el clímax del libro y el final del tiempo. Es una visión completa.  Es una visión del evangelio mientras ese evangelio es predicado.

 

Se les explicará a ustedes que los caballos que aparecen, representan las diferentes maneras en que se recibe el evangelio que se predica; y ustedes habrán de comprender que esa es una visión completa, salvo por el clímax, que se reserva hasta que llegamos al final del libro. Si, en términos generales, ustedes desean saber el resultado de la predicación del evangelio antes de llegar al clímax, lo tienen simbólicamente anticipado en la apertura de los sellos, desde el comienzo del sexto capítulo hasta el primer verso del capítulo 8. Este verso está mal numerado, pues debería ser el que cierra el capítulo 7. 

 

El análisis luego presenta la quinta revelación: el son de las trompetas. Esa es también una visión completa desde el comienzo hasta el fin, como lo es la de los sellos. Sus hechos no continúan a los hechos de los sellos; los vuelve atrás hasta donde comienzan los hechos de los sellos y los pone en paralelo. Es una visión sincronizada –no cronológica- del evangelio de Jesucristo al ser orado. El pasaje clave es el capítulo 8 versos 4 al 6. Este capítulo muestra que el sonido de cada trompeta es una respuesta –no a un sermón, como en el caso de los sellos- sino a una oración.

 

Esta es una de las partes más instructivas del libro. Les mostrará que la evangelización del mundo no será cumplida exclusivamente por la predicación y que la oración tiene mucho que ver con ella; que cada vez que la trompeta suena, no es en respuesta a vuestro sermón; sino, tal vez, a una viuda pobre que oraba mientras ustedes predicaban. La sexta revelación es otra visión completa de principio a fin, sincronizada con las otras, y nos presenta a una institución bajo el símbolo de otra mujer. La mayor parte del libro se enfoca en la verdadera iglesia y la falsa iglesia como instituciones opuestas. Se extiende desde el capítulo 12 verso 1, hasta el capítulo 19 verso 10; y revela como instituciones a la verdadera iglesia y a la iglesia apóstata.

 

La Biblia nada menciona acerca de una iglesia temporal universal, sea visible o invisible. Hay iglesias, y hay una iglesia como institución. El Apocalipsis siempre se refiere a iglesias; pero la iglesia como institución es la simbolizada por esta mujer. Ella es radiante como el sol, está coronada de estrellas y tiene a la luna debajo de sus pies. La otra mujer está vestida de escarlata y púrpura, y está sentada sobre una bestia que originalmente apareció saliendo del mar. Este monstruo tiene siete cabezas y diez cuernos; y esta mujer está sentada sobre él. Ella es la falsa iglesia. Los símbolos de esta visión son tres cosas diferenciadas: una bestia marina, una bestia terrestre y una mujer.  Esta sección incluye las siete copas de la ira. Los hechos que incluyen las siete copas de la ira no esperan a que pasen los que corresponden a los sietes sellos, y los hechos de las trompetas pasen, para sucederles; sino que es una visión completa desde el comienzo, desde que Juan escribió hasta que Cristo viene.  

 

Resumiendo, aquí tenemos una clara visión de la verdadera iglesia como institución; de la falsa iglesia como institución y del conflicto que hay entre ellas.  La séptima revelación comienza en 19:11 y se extiende hasta el 20:10. Este párrafo debiera ser un capítulo aparte, porque se refiere a una revelación bien diferenciada. Lamentablemente, está cortado por un arbitrario sistema de capítulos. Aquí también, como ya vimos, se retrocede al principio y se llega hasta el final.  No es la iglesia como institución y la iglesia apóstata, como vimos antes, sino que a los cristianos se los presenta aquí como soldados bajo el liderazgo de Jesucristo en una guerra santa. Esta guerra santa es peleada contra el falso profeta, la bestia y Satanás. En esta guerra Satanás es encadenado; llega el Milenio; luego, el avivamiento del mal después del Milenio y la gran batalla final. Esta es la Guerra Santa y la parte central de la misma es el Milenio. 

 

Para mostrarles a ustedes que estos eventos son sincronizados, el mismo caballo blanco que apareció cuando fue roto el primer sello, aparece ahora con el mismo jinete liderando un combate entre el bien y el mal. Es una guerra peleada por Cristo y sus soldados, contra el diablo y sus soldados; y el himno de guerra es el Salmo 110. Este es el himno de la Guerra Santa “Jehová dijo a mi Señor: siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies. Jehová enviará desde Sión la vara de tu poder; domina en medio de tus enemigos. Tu pueblo se te ofrecerá voluntariamente en el día de tu poder, en la hermosura de la santidad. Desde el seno de la aurora tienes tú el rocío de tu juventud.” 

 

Hasta aquí, hemos visto cuatro revelaciones sincronizadas. Cada una llegó cerca del clímax y se detuvo. Ahora llegamos a la octava revelación (20:11-15), la venida del Señor y el juicio general. Este capítulo no es solo el clímax del precedente, que era la cuarta visión sincronizada, sino también el clímax que estuvo ausente en todas las visiones precedentes. El séptimo sello es seguido de silencio, ya que la última cosa no es mencionada. La séptima trompeta está por sonar, pero no suena. Solo dice que, cuando suene, el misterio del Reino de Dios estará terminado y toda otra visión llega justo hasta un poco antes del clímax. Ahora, el clímax es la octava revelación, o la venida del Señor y el juicio general. 

 

Permítanme imprimir el pensamiento por repetición. Todas las otras visiones se aproximan al clímax y se detienen. El séptimo sello es seguido por silencio (8:1) La séptima trompeta viene a la conquista del mundo y anuncia que el juicio está cerca. Las copas de la ira encuentran un final después de la batalla de Armagedón, antes del juicio. En lo que es un cuadro inconcluso, la verdadera iglesia es introducida en las bodas del Cordero. El clímax de todas esas visiones es la octava revelación, o la venida del Señor y el juicio general. La novena revelación es el estado de los santos en gloria después del juicio (21:1-22:5). Este es el gran clímax. La venida del Señor fue el clímax, pero el estado final de los redimidos es el gran clímax. El primer clímax pone fin a las cuatro visiones sincronizadas y este gran clímax redondea todo el libro, mostrando el estado final de los redimidos en gloria y el de los malvados en el eterno castigo.  

 

El punto número once de mi bosquejo, es la certificación de todo el libro con su invitación al cierre y las advertencias (22:6-20).  Esta sección nos brinda tres cosas: a) la certificación de un libro entero, que ustedes encontrarán como la más solemne aseveración que haya conocido esta tierra; después, b) la certificación es la invitación “Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida”; finalmente, c) cierra con una advertencia: “Si alguno añadiere a estas cosas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro”, etc.  El último punto de mi análisis, el doceavo, es el saludo de cierre. Este es el último verso del libro (22:21).

 

Yo puse esta visión general ante ustedes al empezar a hablarles del libro: no intentaré interpretar un libro que no haya pensado en forma integral, para no ser como el que sacude el arbusto para hacer volar significados y conjeturas, que salen como disparadas tangencialmente, cual pájaros al ser espantados. Este análisis les capacitará para identificar a cada pájaro y traerlo de vuelta al nido al que pertenece. El tema del libro es el misterio del Reino de Dios. Nos muestra que este mundo entero -cada continente en él, cada metro cuadrado de él, todos los lugares que hay en él- que fue perdido por medio del primer Adán, será reconciliado a través del segundo Adán; y que las instrumentaciones -por las que la profunda oscuridad en la que está sumido el mundo por la acción usurpadora de Satanás, es finalmente suprimida- son las iglesias que reflejan el sol de justicia que es Cristo y los predicadores que aquí en la tierra están revestidos de poder por medio del Espíritu Santo. 

 

Que ningún hombre imprima en sus mentes que en las postrimerías de este mundo, la salvación ha de ser traída por una instrumentación diferente por aquella que fue provista al principio de este mundo. Dios nunca ha tenido más que un solo plan de salvación. Fijen esto como un punto fundamental de su teología, que el plan de salvación siempre ha sido un solo plan. Cada hombre en la tierra que ha sido salvo hasta hoy, y cada hombre que ha de ser salvo en esta tierra, lo fue y lo será por la sangre de Cristo, predicada por el evangelio y aplicada por el  espíritu Santo.

 

Ni un alma, ni tan siquiera una, será salvada después de que Cristo venga. En Su primera venida Él vino como una ofrenda para salvación del pecado. En Su segunda venida Él vendrá aparte de la salvación y aparte de la ofrenda de salvación por el pecado. Él vendrá para poner fin a los negocios del mundo, a levantar a los muertos y a juzgar al mundo.  Aquel que en su teoría, busca enrolar al pueblo de Dios en otra forma de iluminar al mundo que la del plan original (la luz de Cristo reflejada en las iglesias bajo la guía del Espíritu Santo) está oponiéndose al plan de salvación. ¡Bendito sea Dios, pienso esto respecto de su teoría, no siempre de sus prácticas!  

 

No habrá ninguna dispensación salvadora después de la dispensación del Espíritu Santo; y la dispensación del Espíritu Santo dura mientras Cristo está en el trono celestial y el Espíritu Santo está aquí en la tierra, como subgerente, testificando acerca de Cristo, a través de las iglesias, los predicadores y el pueblo de Dios. Si yo pensara que la trompeta del evangelio fuese de algún metal trabajado (acero o bronce) para ser sustituida bajo otra dispensación por una trompeta más valiosa (plata, oro o diamantes), perdería mi actual alto respeto por el evangelio. 

 

Otra consideración general: en esta serie de lecciones, cuando lleguemos a los detalles de mi exposición, voy a detenerme en ciertos puntos para darles material especial con el cual  discutiremos ciertos temas específicos. Por ejemplo: los números simbólicos del Apocalipsis; como el 7 en las 7 iglesias, los 7 espíritus de Dios, los 7 sellos, las 7 trompetas, las 7 copas; y otros números.  Después habrá una discusión especial de los anticristos en las Escrituras, ya que existen varios; y la confusión de comentaristas está en mezclar los anticristos. Luego será necesario sostener una discusión especial sobre el Milenio; quiénes son sus precursores; qué es; qué le sigue. Luego, una discusión sobre la venida final de nuestro Señor.  

 

Ustedes pueden descansar seguros, en que el mismo Señor que murió fue sepultado; fue levantado otra vez; y fue ascendido al cielo; es al que los cielos deben retener hasta el tiempo de restauración de todas las cosas; y será el mismo que finalmente vendrá por Su pueblo aquí en la tierra, en forma visible, audible, palpable y personalmente, sin ninguna duda.  Así como Su primera venida fue el pico más alto en la visión del Antiguo Testamento, Su venida final es el pico más alto en la visión del Nuevo Testamento; pero, es de esperar que ustedes no asuman que cada vez que hay una referencia a la venida del Señor, eso significa Su venida final. Sobre este hecho espero convencerlos en estas lecciones; porque, en cierto sentido y siempre en el sentido Escritural, hay muchas venidas del Señor.