¿Qué en cuanto al arrepentimiento?
Por: Tom Ascol
Traducido del inglés por: Daviel D’Paz
Después de cuatrocientos años de silencio profético, Juan el bautista apareció en la escena de la historia redentora como el precursor de Jesucristo. El vino en cumplimiento de la profecía y en el espíritu de Elías para ser una voz “que clama en el desierto” amonestando a las personas a “preparar el camino del Señor” (Mateo 3:3; 11:14: 17:11-21).
Juan predicaba un mensaje muy simple pero bastante claro: “Arrepentíos porque el reino de los cielos se ha acercado” (3:2). Ese mensaje no era tan popular en su día así como tampoco lo es en el nuestro, sin embargo, nuestra necesidad de el es tan urgente ahora, tanto como lo fue entonces.
El arrepentimiento ha caído en tiempos difíciles en muchos sectores del cristianismo en el Occidente entre la errónea caracterización de Roma sobre el arrepentimiento, convirtiéndolo en “penitencias” y la negación de su propio lugar en la predicación del evangelio por parte de algunos Dispensacionalistas. Es muy posible asistir a la iglesia de manera regular y nunca escuchar cual ningún mensaje bíblico sobre el arrepentimiento.
Ese no fue ciertamente el caso con aquellos que se reunían para escuchar a Juan predicar en el desierto. Ni tampoco fue la experiencia de aquellos que escucharon a Jesús (Mateo 4:17; Lucas 5:32). Desde el mismo inicio de los tiempos del Nuevo Testamento, el arrepentimiento ha sido una parte integral del mensaje del evangelio.
El Catecismo abreviado de Westminster sumariza lo que la Biblia quiere decir cuando habla sobre el arrepentimiento: “El arrepentimiento para vida es una gracia salvadora por la que el pecador, debido a un verdadero sentido de su pecado y comprensión de la misericordia de Dios en Cristo, hace, con pesar y odio por su pecado se vuelve de este a Dios, con pleno propósito de y un esfuerzo por, una nueva obediencia” (Q.87).
Cuando Juan predicaba el arrepentimiento estaba llamando a sus oyentes a alejarse del pecado y acercarse a Dios en Jesucristo. Con la venida de Cristo a este mundo, podía proclamar con confianza que el reino de Dios estaba presente. De hecho, la presencia del reino sobre la tierra es la razón que Juan daba para llamar a las personas al arrepentimiento.
No se puede entrar al reino sin arrepentimiento. Pues mientras es correcto hablar de la salvación por medio de la fe sola, nunca debemos olvidar que la fe que salva es, tal como John Murray lo expresa: “una fe penitente”.
Antes de ascender al cielo, Jesús declaró que su muerte y resurrección eran necesarios para que “se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén” (Lucas 24:47). Los apóstoles tomaron esto en serio e incorporaron un llamado al arrepentimiento en su predicación. Esto fue el corazón de la amonestación de Pedro en Pentecostés (Hechos 2:38) tanto como cuando habló en el pórtico de Salomón (Hechos 3:19).
La evidencia de que la verdadera salvación había venido a los gentiles, fue que Dios les había “dado el arrepentimiento para vida” (Hechos 11:18). Pablo explicó su comisión como un apóstol a los gentiles en estos mismos términos. Le dijo a Agripa que en respuesta a la visión celestial que le fue dada en el camino a Damasco, comenzó a predicar que las personas “se arrepintiesen y se convirtiesen a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento” (Hechos 26:20). En Atenas, lo encontramos haciendo exactamente lo mismo ante la elite intelectual de su día, declarando que Dios “ahora manda a todos los hombres en todo lugar que se arrepientan” (Hechos 17:30).
Cualquier método evangelístico que no incluya un claro llamado al arrepentimiento, no es un evangelismo bíblico. Jesucristo es un gran Salvador para grandes pecadores, pero su salvación es concedida solamente a aquellos que renuncian a sus pecados y se convierten “de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mi, perdón de pecados” (Hechos 26:18).
Es muy cruel el mal representar los términos de la salvación a las personas. Sin embargo, eso es exactamente lo que sucede cuando a los pecadores se les anima a “aceptar” a Cristo sin la debida consideración de la necesidad de un arrepentimiento. Esa clase de evangelismo falso resulta en falsas conversiones y los que son de esa manera victimizados, son engañados al creer que ellos pueden tener a Cristo y continuar en su pecado.
Juan no tenía nada que ver con semejante abuso espiritual. Amaba a su Salvador demasiado como para editar el mensaje de salvación. Y también amaba mucho a las personas como para jugar con sus almas cuando la eternidad estaba de por medio. Así que él no solo predicaba el arrepentimiento, sino que también insistía en ello. Cuando los líderes religiosos venían a él para ser bautizados, Juan les hablaba muy claramente, dejando al descubierto su hipocresía: “¡Generación de víboras!”, les decía, “Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento” (Mateo 3:7,8). El verdadero arrepentimiento siempre produce frutos. (Pablo nos da un interesante resumen de lo que es ese fruto en 2 Corintios 7:11).
Eso es lo que el verdadero arrepentimiento es –volverse del pecado a Dios con un compromiso a caminar en una vida de obediencia a su voluntad. ¿Qué es lo que convence a un pecador para que se arrepienta? No solo un sentido de su pecaminosidad, pero también el reconocimiento que, debido a Cristo, Dios es misericordioso para con los pecadores arrepentidos. El evangelio no solo nos llama a arrepentirnos, sino que también nos libera para vivir en arrepentimiento.
El Dr. Tom Ascol es pastor de la iglesia Bautista de la Gracia en Cape Coral Florida y es también el director ejecutivo del ministerio “Los Fundadores”.
(Este breve artículo fue tomado de la revista “Tabletalk” del mes de Enero 2008, publicada por Ligonier Ministries p. 55).
