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CAPÍTULO 1

 

INTRODUCCIÓN HISTÓRICA

 

Traducido del Inglés Por: Oscar Margenet Nadal

Revisión para la edición electrónica: Daviel D’Paz

 

 

Dos pensamientos se esfuerzan por ser primeros al considerar el Apocalipsis. Uno surge del carácter del libro, su posición en la biblioteca sagrada, y su comparativa importancia. Su rango está al nivel de cualquier otro libro del Nuevo Testamento, siendo maravillosamente grande tanto en doctrinas como en promesas. En la Biblia es el libro inspirador por antonomasia. Desde su composición hasta nuestros días ha sido un libro motivador en la experiencia del pueblo de Dios; un libro de poder resucitador en todas las estaciones de la desesperación.

 

Dondequiera que brille la luz de sus doctrinas y promesas, la oscuridad  desaparece, la fe se hace heroica, la esperanza revive, y los poderes del mundo no influyen en aquellos que caminan en su luminosidad. Cualquiera que, en humildad y docilidad de espíritu, entre en oración a estudiar sus grandes temas y aplique en su corazón sus grandes promesas, encenderá en su alma el fuego del fervor y será transformado con la experiencia. Apocalipsis cierra el canon de las Escrituras no solo por la fecha de su composición sino por la fuerza de su contenido; lo termina, lo completa y lo perfecciona. No solo cancela toda necesidad de más revelación, sino que no se presta a ninguna mutilación. Solamente la ignorancia, la impiedad o la blasfemia se atreverían a agregarle o sustraerle a la finalidad de su contenido. Es el clímax de la historia tomando cuerpo en la profecía. Ciertamente podemos esperar que nueva luz surja constantemente de la Palabra de Dios, pero lo que no podemos esperar es una nueva palabra.

  

El otro pensamiento que impone solemnidad en vuestro docente, es el que surge de la posibilidad de que éste nunca tendrá otra vez la oportunidad y el honor de enseñar este libro a una clase compuesta de predicadores. Este tema es tratado sólo cada cuatro años; y cuando finalice con este curso, él tendrá sesenta y nueve años de edad. Oliver Wendell Holmes1 insiste en decir que la naturaleza administra la cicuta2 a los setenta años; y a pesar de que aquí y allá hay excepciones en la historia humana, con casos de vigor mental y vitalidad física, que se extienden hasta los ochenta años, dado que es la regla y no la excepción la que determina las probabilidades, mi propósito es enseñar este libro como si fuese la última vez.

 

De acuerdo con la invariable costumbre de este curso,  siempre comenzamos un libro con una breve introducción histórica, sin intentar con ello desmerecer  la más crítica y elaborada discusión que justificadamente le corresponde hacer al departamento de introducción bíblica; sino porque ustedes necesitan tener algún conocimiento confiable sobre este tema, para poder llegar a comprender mejor el libro. Si una introducción histórica es de ayuda en el caso de otros libros, para este libro es indispensable, ya que en este caso la introducción histórica determina la teoría de la interpretación.

 

Para que ustedes no estén totalmente dependientes de mis conclusiones, les recomiendo por su utilidad y por carecer de grandes desviaciones, dos libros sobre introducción histórica en lo que respecta al Apocalipsis. Podría darles cien títulos, pero estos dos están entre los mejores. Primero, la introducción histórica en el breve comentario de Jamieson, Fausset y Brown3; segundo, la introducción histórica en el “Comentario Americano”4, volumen sobre Apocalipsis del doctor Justin A. Smith. Se supone que ustedes no entenderán con esto, que yo comparto todas las conclusiones expuestas en cualquiera de estas introducciones; por el contrario, quiero que sepan que –en lo principal- ellas son mayormente de ayuda y de poca contradicción. Donde pueda yo diferir con ellas, encontrarán suficiente evidencia al respecto.

 

Por último –entre una gran multitud de Comentarios sobre Apocalipsis- también recomiendo solo dos para lectura paralela del curso. Van a encontrar más basura y  confusión en comentarios sobre el Apocalipsis que en cualquier otro libro del Nuevo Testamento. Pero los dos recomendados son muy accesibles. Y si ustedes desearan hacer del Apocalipsis el estudio de su vida, lean estos comentarios a medida que progresemos: primero, el ya citado del doctor Justin A. Smith: “Comentario Americano”; segundo, un pequeño libro por el doctor Edward Smith, “El mundo iluminado”5.

 

Hay dos clases de comentarios que yo enfáticamente no recomiendo. Primero, el que surge de la tan extraviada clase de concepción premilenialista, por la cual todas las interpretaciones deben ser llevadas al extremo o cortadas con tal de ajustarse a sus muy peculiares interpretaciones6. Segundo, la que proviene de una clase tan obsesionada con el espíritu de la crítica radical, por la que se siguen presuposiciones que minimizan lo sobrenatural; y particularmente, se esfuerzan por eliminar el elemento profético de este libro.

 

EL TEXTO DE APOCALIPSIS

 

Mientras la crítica del texto griego le pertenece en general al Nuevo Testamento griego, antes que al Nuevo Testamento inglés, una de las características del griego en Apocalipsis necesita aquí de una explicación. Se trata de su diferencia e inferioridad como idioma puro, respecto del griego del Evangelio de Juan y el de sus cartas. El por qué de la relevancia de llamar la atención sobre esto, surge del hecho que esta característica del griego es exhibida para desautorizar la autoría del Apóstol Juan, o para apoyar una fecha más temprana del libro; con lo cual su interpretación se vería afectada en sumo grado. La diferencia entre el griego del Apocalipsis y el griego del Evangelio de Juan surge de la diferencia de naturaleza de ambos libros. El Evangelio de Juan es historia; este libro no es sólo una narración apocalíptica, sino una réplica moldeada en los simbolismos del hebreo antiguo; una continuación de las analogías apocalípticas de Isaías, Ezequiel, Daniel y Zacarías.

 

No sólo eso, sino que sus símbolos no están limitados a los Apocalipsis de la antigua profecía, sino que son sacados de todos los libros del Antiguo Testamento; obtiene sus figuras desde el paraíso y la serpiente de Génesis, las plagas de Éxodo, el desierto de Números, el León de Judá, la santa ciudad de Jerusalén, el templo de Salomón, la Jezabel de Israel, Babilonia y el Eufrates; de la misma manera que del serafín apocalíptico en Isaías, el querubín en Ezequiel, las langostas en Joel, los caballos y testigos en Zacarías y las bestias en Daniel.

 

Apocalipsis está embebido de los simbolismos del Antiguo Testamento más que ningún otro libro del Nuevo Testamento. Aunque nunca lo cita, es una permanente reminiscencia del Antiguo Testamento. Un cuidadoso cálculo llega a las cuatrocientas alusiones y referencias al Antiguo Testamento. Tan notorio es este atributo del libro que el Dr. Broadus7, tal como fui informado, acostumbraba a dedicarle una conferencia entera solo a este hecho cada vez que enseñaba el Apocalipsis. Obviamente, esto hacía necesario un conocimiento de los idiomas hebraicos antes que del griego puro. Compárese el griego clásico de la Dedicación de Lucas con el griego hebraico de los primeros capítulos de su Evangelio. Sin embargo, con toda estas diferencias externas en el griego, debe tomarse en cuenta el hecho de la semejanza del griego en todos los escritos de Juan –tal como los grandes eruditos de griego expusieron a sus estudiantes- y es que, un estudiante del griego del Nuevo Testamento termina hallando que el griego de Juan -en su Evangelio, sus cartas o el Apocalipsis- es el más fácil de aprender.

 

Otro hecho en general debiera ser citado en conexión con la inferioridad del griego. La tendencia de antaño era acudir a las expresiones idiomáticas y dialectos del idioma nativo, antes que perfeccionarse en el habla adquirida de una lengua extranjera. De modo que la inferioridad del griego de Juan no prueba nada en contra de su autoría del libro, ni en favor de una temprana fecha.

 

SU AUTOR

Consideremos entonces la autoría del libro: “¿Quién lo escribió?”. La autoría de Juan ha sido atacada en los siguientes puntos: primero, el carácter del griego; lo que ya hemos explicado. La segunda objeción surge de la desviación doctrinal.

 

Algunos creyentes de los primeros siglos de la era  cristiana, interpretaron erróneamente la enseñanza de este libro respecto del milenio; llegando a tales extravagancias que, poco después, hasta hubo quienes preguntaron: ¿Es  Apocalipsis un libro Apostólico? Así fue como comenzó todo. Del mismo modo como las interpretaciones erróneas de ciertos párrafos en Hebreos 6-7 llevaron a algunos a cuestionar la autoría paulina, estas interpretaciones en línea con el premilenialismo hicieron del Apocalipsis un libro odiable. Mucho mejor asunto es demostrar lo equivocado de esa interpretación y mantenerse con la autoría apostólica.

 

La evidencia de la autoría siempre es de dos clases. Primero, la externa o histórica. Es decir, el testimonio de testigos que vivieron cerca en los tiempos del autor; quienes entonces tuvieran oportunidad de conocer quién fuese su autor. Esta evidencia histórica o tradicional de la autoría, es la que se considera como la mejor; y está abrumadoramente a favor de la autoría de Juan. Aquellos que escucharon predicar a Juan han dejado su testimonio para la historia. Ustedes encontrarán detalles de este testimonio en los dos comentarios a los cuales hice referencia poco antes.

 

La segunda clase de evidencia es interna; es decir,  ¿cuáles son los hechos que el libro aporta respecto de su autor? La evidencia interna respecto de la autoría de Juan es absolutamente abrumadora. Podría clasificar la principal parte de esta evidencia en dos clases: Primero, lo que al autor dice de sí mismo. Ustedes encontrarán qué es lo que Juan dice de sí mismo, principalmente en el primer y último capítulo. En el capítulo 1 y verso 1 se presenta como Juan; en el verso 2 identifica a ese Juan: “que ha dado testimonio de la palabra de Dios y del testimonio de Jesucristo”. Este “que ha dado testimonio” está expresado en griego aorista y significa una acción completada en el pasado. Es decir, el siervo Juan a quien le fue dado el Apocalipsis, es el Juan que ha dado testimonio de la palabra de Dios y del testimonio de Jesucristo.

 

Sé muy bien que hay quienes están dispuestos a evitar la fuerza gramatical que le es natural al aorista, considerándolo como aorista epistolar.  No existe ninguna razón para apelar a este expediente; ya que Juan en su evangelio ha hecho exactamente lo que afirma este aorista. De modo que el verso 2 no solo identifica al autor como al apóstol Juan, sino que prueba que el Evangelio precedió al Apocalipsis. Más aún, el método con el que Juan certifica su Evangelio, es el mismo usado para certificar el Apocalipsis. Ustedes pueden verlo fácilmente, comparando Juan 19:35 y 21:24, con Apocalipsis 21:8.

 

Sin embargo, hay una prueba interna más convincente respecto de la autoría de Juan: la única cristología del Evangelio y epístolas es la cristología de este libro. En el Evangelio Cristo es el Logos, lo mismo que en el Apocalipsis. En el Evangelio Cristo es la Luz del mundo, “Aquella luz verdadera  que alumbra a todo hombre, venía a este mundo” (Juan 1:9)

 

La totalidad del libro de Apocalipsis está basada en Cristo como la luz del mundo. En el Evangelio de Juan –solamente- Cristo es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. A lo largo de todo el libro del Apocalipsis Cristo es el cordero que ha sido inmolado. En otras palabras, a menos que una persona tenga que servir a un propósito o esté en el error por un prejuicio doctrinal, a menos que esté atada a presuposiciones, tal persona habrá de admitir que el argumento respecto de la autoría juanina es abrumadora, tanto externa como interna.

 

Estoy en condición de asegurarles a ustedes que ningún libro del Nuevo Testamento está mejor acreditado como apostólico que el libro de Apocalipsis; y que podemos aceptarlo –sin ninguna vacilación- como la culminación de la Palabra inspirada de Dios.

 

LA FECHA

 

Nuestra próxima pregunta acerca de la introducción es “¿Cuándo?” “¿Cuándo lo escribió?” Los comentaristas adoptan una de dos fechas. Por razones obvias, un sector dice que fue escrito en 68 de nuestra era, durante el reinado de Nerón. Los racionalistas generalmente adoptan esta fecha a modo de eliminar el elemento profético; así pueden aplicar sus afirmaciones a la destrucción de Jerusalén. La misma razón por la que se apuran a retrasar la fecha del Apocalipsis, les empuja a adelantar la fecha de Daniel y la última parte de Isaías. Tanto como puedan, siempre buscarán eliminar el elemento sobrenatural de la profecía.

 

Mi primera objeción a aquella teoría es que no hay ningún testigo histórico que la feche de esa manera. No me refiero a quienes conjeturan sobre fechas, sino a algún testigo. Hay un buen número de testigos contrarios a ella, como Ireneo. “Juan vio esta revelación justo un poco antes de la finalización del reinado de Domiciano.” Cualquier mente razonable verá que la condición de las siete iglesias de Asia descritas en el libro era absolutamente imposible en el año 68 de nuestra era. En esa época Pablo escribió la segunda carta a Timoteo, mucho antes que Juan tuviese algo que ver con las iglesias de Asia.  En los capítulos 2 y 3, vemos evidencia de que hubo un largo intervalo entre el trabajo de Pablo en Éfeso y sus cartas a Timoteo, y la época cuando Juan escribió este libro.

 

La persecución de Nerón fue local; él nunca desterró a nadie a Patmos. No obstante su gran crueldad,  tanto que Pablo y Pedro murieron a causa de ella, esta persecución estuvo limitada a Roma y a las partes cercanas a Italia. Mientras que la que ubicó a Juan en la posición de escribir este libro fue de carácter mundial, ya que alcanzó todos los rincones del reino de Dios. De modo que, cuando ustedes me insisten para que les diga la fecha de este libro, estoy  totalmente convencido de que fue escrito en el año 95 o 96 de esta era, hacia la finalización del reinado de Domiciano, cuando Juan fue desterrado desde Éfeso –donde la persecución lo había alcanzado- a la isla de Patmos, para trabajar en las canteras. Esta es la fecha.

 

EL PROPOSITO DEL LIBRO

 

Nuestra próxima pregunta es: ¿En qué oportunidad se escribió el libro? Aquí la respuesta no sólo es fácil, sino interesante en grado sumo. Juan ya era anciano. Estaba solo; todos los otros apóstoles hacía largo rato que habían dejado este mundo. El progreso del evangelio, poderoso y triunfante como había sido en los días de Pablo, había sido paralizado; los edictos fueron más allá proscribiendo toda palabra escrita del Nuevo Testamento, hasta llegar a su incineración. Las mujeres eran arrastradas hasta los tribunales y se les obligaba a negar a Cristo y a adorar a los dioses paganos; o eran arrojadas a los leones. El fuego ardió a lo largo de toda la Cristiandad en esa época. Por supuesto que invadió un gran desaliento.

 

Entonces es cuando aparece este libro. Llega para esparcir la fe, la esperanza, el amor y el coraje en el pueblo de Dios. Es para mostrarles a ellos que las nubes habrán de pasar; que no importa cuán pesada sea la mano o el pie del tirano, la verdad habrá de prevalecer; y que,  finalmente, el mundo en su totalidad será conquistado por nuestro Señor Jesucristo. Ese es el contexto del libro. Vino a proyectar sobre la pantalla, una última escena de la Revelación que muestra los hechos del futuro de las iglesias, sus triunfos en la lucha en la cual están envueltas, y la gloriosa victoria final; y se identificó con el momento. Tal como les he dicho, desde que el Apocalipsis fue escrito siempre ha hecho saltar el corazón y rebosar el alma. Desde entonces ningún verdadero cristiano ha dudado jamás del resultado final de la cristiandad.

 

EL CARÁCTER DEL LIBRO

 

El siguiente asunto es ¿qué es este libro? Dado el caso y la ocasión, ¿qué clase de libro es este? Síganme de cerca: Se ha declarado que la mayor parte de él es profecía cuyo propósito es develar las cosas que habrán de llegar a ser. Pero nosotros debemos anotar una modificación: es tanto apocalipsis como  profecía.

 

La palabra griega “apocalipsis” significa “revelación”, “develado”, y si lo que se revela o devela es el futuro, en ese sentido es lo mismo que profecía; sin embargo, se diferencia de la profecía común. La profecía común es una declaración del profeta respecto de aquello que Dios le dijo a él primero. El Apocalipsis es una visión que ilustra esa declaración.

 

Un ejemplo de apocalipsis es éste: “En el año en que murió el rey Uzías” dice Isaías, “vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime,” 8 y a continuación sigue una descripción de la visión del trono de Dios; en eso consiste la revelación –o Apocalipsis- que se manifiesta en una visión. En la misma manera Ezequiel vio los querubines y las ruedas que estaban llenos de ojos, y las caras que miraban a todas partes9. Esto es apocalipsis. Es una profecía visualizada.

 

En tercer lugar,  no solo se trata de una profecía de naturaleza apocalíptica, sino que también es simbólica. Lo que se ha profetizado no está presentado en palabras comprensibles; como cuando Jonás dijo “De aquí a cuarenta días Nínive será destruida.”10 Por el contrario es un apocalipsis presentado simbólicamente. Por ejemplo, cuando describe a “una mujer vestida de sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas.”11 Esto es un símbolo. “Y vi a una mujer sentada sobre una bestia escarlata llena de nombres de blasfemia, que tenía siete cabezas y diez cuernos. Y la mujer estaba vestida de púrpura y escarlata”12 Esto es un símbolo. Ahora bien, cuando ustedes interpretan un símbolo, no deben hacerlo literalmente; y es aquí –precisamente- donde encontramos las interpretaciones más descabelladas del Apocalipsis.

 

Donde se describe a “la mujer que estaba para dar a luz (…) y ella dio a luz un hijo varón”13, etc., algunos lo interpretan como una mujer real: la virgen María y el Hijo del Hombre: Jesucristo. Sin embargo, una mujer simbólica no significa una mujer real. De la misma manera Pablo hace de Agar la Jerusalén material; y de Sara la Jerusalén celestial14. Y cuando este libro habla de una bestia saliendo del mar, no quiere decir que se trata de una bestia real. Ustedes no pueden interpretar el libro de Apocalipsis a menos que nunca olviden que se trata de una profecía apocalíptica simbólica.

 

Pero, todavía no hemos terminado de responder a la pregunta “¿Qué clase de libro es éste?”  Si lo que queremos saber es respecto de su tema, la respuesta es muy diferente. Su tema está determinado por sus pasajes clave: Apocalipsis 1:12-20; 10:7; 11:15; 19:6-9. El primero es la visión de la luz; el segundo y tercero muestran “la culminación de este misterio del reino”; y el cuarto es su gloriosa consumación.

 

En otras palabras, el libro de Apocalipsis está diseñado para mostrar que todo el mundo será iluminado por las iglesias, las que actúan como portadoras de luz, reflejando la luz originada en su Señor en el cielo; iluminación mundial que será dispensada por y en el Espíritu, por medio del evangelio. Por ello, Dios me ayude a grabar en ustedes –ya que rechazarlo o aceptarlo es lo que los convertirá en pesimistas u optimistas- que el tema del Apocalipsis es la evangelización de este mundo, la salvación de todo hombre a ser salvado en este mundo, por ser atraído gracias al brillar de Cristo, no en forma personal sino como reflejado en los candelabros o iglesias; que todos los reinos de este mundo serán puestos bajo la sujeción de Jesucristo, por medio del mismo evangelio que ustedes predican hoy; y no por los poderes milagrosos que tomarán parte de la venida final. No significa que el mundo irá de mal en peor, que el evangelio fracasará; que el Espíritu también fracasará y que todas las instrumentaciones de salvación dejarán de operar, dejando que la salvación sea cumplida por el advenimiento final. No, el Apocalipsis no significa nada de eso. Deseo que ustedes se enciendan con el fuego de este pensamiento que surge de los cuatro pasajes clave.

 

SU INTERPRETACION

 

Ahora una breve consideración sobre la interpretación del libro. Cuando uno se propone interpretar un libro, debe haberlo recorrido cuidadosamente y haber fijado en su propia mente algún principio director; el pensamiento guía y rector característico del libro; encontramos que es así con todas las teorías de interpretación. Por ejemplo, un comentario del Apocalipsis cuyo autor sea un crítico radical, un racionalista (y hay muchos de ellos, no sólo en alemán sino también en inglés, que para nada creen en la profecía real) interpreta íntegramente el libro conforme a sus presuposiciones, limitando todas las referencias del libro a los tiempos históricos del autor. Llamo a esta primera teoría de interpretación: La Teoría Racionalista. No es la primera en el orden cronológico, sino que yo la colocaré como la primera en la discusión.

 

La segunda teoría está basada en este principio de ajuste: que mientras el libro es profético, todas sus profecías se refieren a los últimos días, los días culminantes, los de la segunda venida. Se la conoce como la teoría premilenialista de interpretación, que aplica el mismo método al libro de Daniel. Son todos aquellos que no permiten que los profetas del Antiguo Testamento profeticen nada que tenga que ver con la iglesia en los días de los apóstoles, o que tenga que ver con el desarrollo de la iglesia hasta que lleguemos a los últimos días, a la segunda venida. Tomen por ejemplo, el maravilloso capítulo 9 de Daniel: ellos interpretan de manera convencional todas las semanas de las setenta semanas, hasta que llegan a la última, a la que dividen en dos mitades; la segunda mitad se la aplican al fin del mundo. También se la conoce como la teoría futurista.  De acuerdo con ella, nada que sea profético en el contenido del libro se ha cumplido todavía.

 

La tercera teoría es conocida como la teoría histórica de interpretación. A partir de los tiempos de Juan, cuando él escribía, desde los tiempos de esas siete iglesias y su condición, el objeto del libro es mostrar la historia del desarrollo del reino de Dios hasta el fin del mundo. No quiere decir que presenta todo lo concerniente al reino de Dios, sino los puntos salientes de su historia futura; desde los días de Juan en Patmos, hasta la segunda venida, el juicio general y el fin del mundo. No es la historia de las naciones, sino la historia del reino de Dios tocando a las naciones; de la misma manera como el Antiguo Testamento no es una historia de las naciones, sino la historia del desarrollo del reino de Dios entre las naciones.

 

Vuelvo a un punto de la teoría interpretativa. Si adoptamos la teoría futurista, creeremos que en este mundo jamás ha habido un reino de Dios; ni que lo habrá excepto como algo ideal, hasta que Cristo venga. Un reciente artículo de un prominente pastor bautista en el Estándar Bautista, uno de los más hábiles expositores de esa teoría, un muy amado hermano en Cristo y poderoso predicador evangelista, demuestra que para él el reino de Dios aún no ha sido establecido. Por esa razón, el libro del Apocalipsis no puede ser la historia del reino Dios. Eso no ha llegado aún. Ese hermano no cree que la piedra/reino, la pequeña piedra/reino vista por Daniel15, haya llegado aún. Dicen ellos que hoy podría haber un reino ideal, pero que el reino real todavía no ha llegado.

 

Con esta interpretación estoy en un profundo desacuerdo en todo. Respecto de esta última teoría podría haber esta divergencia entre los que abogan por ella: algunos de ellos sostienen que los acontecimientos bajo los sellos deben ser seguidos de manera sucesiva y cronológica por aquello que se presenta al son de las trompetas; y que lo que ocurre a cada copa de ira viene después, en el tiempo, a lo que se ha presentado al son de las trompetas. En otras palabras, todos aquellos que sostienen esta opinión no pueden explicar nada del período cubierto por los sellos; y afirman que nada de lo que sigue bajo las copas de ira puede ocurrir en el tiempo asignado por las trompetas; para ellos sólo existe una secuencia ininterrumpida; a  uno le sigue el otro.

 

Ahora bien, el otro grupo de los intérpretes históricos sostiene este punto de vista:  que la historia íntegra del reino de Dios es propuesta a partir de un punto bajo los sellos; que los acontecimientos desde allí nos conducen hasta el final; y, entonces, cuando estamos bajo las trompetas, regresamos al principio donde volvemos a encontrarnos con la historia completa del reino de Dios delante nuestro; hasta que llegamos al final, visto bajo otro punto de vista; y así sucesivamente con el resto del libro. En otras palabras, los acontecimientos que ocurren bajo los sellos, las trompetas y las copas de ira no se siguen sin solución de continuidad sino que, por el contrario, están sincronizados; son paralelos.

 

Los diversos títulos para este libro que fueron encontrados en distintos manuscritos y versiones son todos verdaderos conforme a lo que significan, aunque no son inspirados ya que son post apostólicos. Por ejemplo, los manuscritos griegos Sinaítico y Alejandrino tienen este encabezamiento: “La Revelación de Juan”, tal como tenemos en nuestra ASRV (Versión Americana Estándar Revisada). El manuscrito griego Vaticano tiene este encabezamiento: “La Revelación de Juan el Teólogo y Evangelista”. La Vulgata, o Versión Latina, tiene este otro: “La Revelación del Apóstol San Juan”; mientras que la Versión común Inglesa, la Versión del Rey Jacobo, tiene este: “La Revelación de San Juan el Divino”. La palabra “divino” significa lo mismo que “teólogo”; y las dos significan lo mismo: las enseñanzas de Juan sobre la naturaleza de Dios. Mateo no es llamado teólogo en el sentido literal de la palabra. Tampoco Marcos o Lucas; pero cuando Juan comienza su Evangelio: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.” él argumenta acerca de la naturaleza de Dios; por ello se lo denomina “el teólogo”. El encabezamiento no es parte del libro, pero ha sido puesto allí después de que Juan muriera. Son títulos post apostólicos, por lo tanto no-inspirados; de modo que cuando dicen “La Revelación de Juan”, difieren del autor que lo llama “La Revelación de Jesucristo”. Juan no reveló absolutamente nada; pero, sin ninguna duda, ambos quieren decir: “La Revelación recibida y guardada por Juan”.

 

 

Notas del Traductor:

Benajah Harvey Carroll (27/12/1843 – 11/11/1914). Nacido en Carrollton, Carroll County, en el norcentral Mississippi; uno de doce hijos de Benajah Carroll y Mary Eliza Mallard. Su padre fue un ministro Bautista. La familia se mudó a Burleson County, Texas, en 1858. Pastor, teólogo, docente y autor de 33 obras; puede describirse a Carroll como un Calvinista moderado, postmilenial; reconocido líder fundador de la Convención General Bautista de Texas y de la Convención Bautista del Sur. Este libro es el resultado de la enseñanza sistemática de las Escrituras a seminaristas; de allí el estilo literario coloquial de su autor.

1. Oliver Wendell Holmes, (29-08-1809 / 07-10-1894); nacido en Cambridge (Massachussets, EE.UU); hijo del reverendo Abiel Holmes (1763-1837), un calvinista historiador y poeta; y de Sarah Wendell. Oliver Wendell Holmes fue médico de profesión y uno de los poetas norteamericanos más reconocidos del siglo XIX.

 

2. Cicuta. El autor cita a Holmes cuando dice: “nature administers the black drop” para simbolizar el momento de la muerte. Kendal Black Drop era, en el siglo XIX, una droga medicinal con base de opio, asociada al poeta romántico Samuel Taylor Coleridge. En el mundo de habla hispana es más familiar asociar la muerte con el cianuro; o con la “cicuta”, el veneno sorbido por algunos griegos para morir (v.g. Sócrates).

 

3. El autor se refiere al “Comentario Exegético y Explicativo de la Biblia” por Jamieson, Fausset y Brown; viene en dos tomos (Antiguo y Nuevo Testamento) y puede obtenerse en castellano en librerías cristianas.

 

4. American Commentary, edited by Alvah Hovey, D.D., The American Baptist Publication Society, Valley Forge, PA. Volume 7- Epistles of John to Revelation (John, H.A. Sawtelle, D.D., Jude, N.M. Williams, D.D., Revelation, Justin A. Smith, D.D.).

 

5. The World Lighted, a Study of the Apocalypse, by Charles Edward Smith. Published by The Judson Press, Philadelphia,1898.

 

6. Aquí el autor emplea una figura de la mitología griega “to fit their procrustean bed”, recordando al villano a quien Teseo mata, porque asaltaba a desprevenidos viajeros, acostaba en un lecho de tormentos, y les estiraba o amputaba los miembros inferiores para que “dieran la medida de su cama”.

7. John A. Broadus (1827-1895). Nació en Culpepper County, Virginia, Estados Unidos, en una familia cristiana. Su pasión por las almas le llevó a fundar el Southern Baptist Theological Seminary. Sus principales pilares confesionales fueron la autoridad de la Palabra y el celo por la Predicación. Según Charles Spurgeon, Broadus fue uno de los más grandes predicadores del evangelio del siglo XIX.

 

8. Isaías 6:1a.

9. Ezequiel 10.

10. Jonás 3:4b.

11. Apocalipsis 12:1.

12. Apocalipsis 17:3-4.

13. Apocalipsis 12:4b-5a.

14. Gálatas 4:21-26.

15. Daniel 2:34,35;44,45.

 

Nota final: las citas bíblicas transcriptas textualmente pertenecen a la Versión Reina-Valera, Revisión 1960.