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TEMA: “EL ATRACTIVO DE LA SANTIDAD”

(Lucas 3:2-18)

 

INTRODUCCIÓN: Si Juan el bautista hubiera vivido hoy en la actualidad, no hubiera sido nada fácil que alguna iglesia lo invitara a predicar, mucho menos sería invitado para que fuera su pastor. Tal vez a ninguna iglesia le hubiera gustado tener algo que ver con él.

 

1)     Su vestuario no era para nada atractivo y su comida no era muy común (Marcos 1:6).

2)     Su mensaje era tan rudo como su vestuario (Mateo 3:7-9).

3)     No tenía una casa. Su morada era el desierto (Mateo 3:1,2).

 

A Juan no le importaba mucho si alguien era fariseo, sacerdote o levita. Lo que realmente le interesaba era que la persona se arrepintiera y se pusiera a cuentas con Dios. Sus prácticas evangelísticas carecían de mucho tacto. Pero lo que me llama la atención es que a pesar de su rudeza y de su mensaje ofensivo, cientos de personas se arrepentían y salían a oírlo predicar al desierto (Marcos 1:5).

 

¿Cómo podemos explicar tal respuesta de la gente? ¿A qué podemos atribuirle tan grande éxito?

 

1) Juan no realizó ni un solo milagro.          

2) Tampoco atraía a las personas por su carisma o su vestimenta.       

3) Mucho menos por su dinero o posición  social.

 

Si Juan el bautista no tenía nada de eso, entonces ¿Qué tenía?

 

I.- JUAN EL BAUTISTA ATRAÍA A LAS MULTITUDES DEBIDO A SU SANTIDAD (Mateo 3:7-11).

a)     Juan el bautista se apartó para ser una voz de Jesucristo. A sus oyentes los hacía  pensar en el profeta Elías y a nosotros nos recuerda esta verdad: Hay atractivo en la santidad.

 

b)     No tenemos que ser como el mundo para impactar al mundo. Tampoco tenemos que ser como las multitudes para cambiar a las multitudes.

 

c)      La santidad no es legalismo, sino más bien, es ser como Jesucristo.

 

II.- NOSOTROS TAMBIÉN PODEMOS MARCAR UNA DIFERENCIA EN EL MUNDO EN QUE VIVIMOS

 

a)     ¿Cómo podemos nosotros marcar una diferencia en el mundo en que vivimos?

VIVIENDO EN SANTIDAD:

 

1)     Siendo fieles a nuestra esposa

2)     Siendo honestos en nuestros negocios

3)     Siendo amables con nuestros vecinos

4)     Siendo empleados obedientes a nuestros patrones

5)     Viviendo lo que hablamos.

 

b)     El apóstol Pablo explica la manera en la que debemos conducirnos como hijos de Dios (1Tesalonicenses 4:11,12).

 

c)      Una vida de santidad lleva a los inconversos a respetar a los creyentes. ¿Qué hubiera pasado si la conducta de Juan no hubieran coincidido con sus palabras? ¿Qué hubiera pasado si Juan hubiera predicado el arrepentimiento y hubiera vivido una vida de inmoralidad? ¿Qué habría pasado si hubiera exhortado a sus oyentes a vivir en santidad y él mismo hubiera tenido una reputación de deshonestidad.

 

d)     Si la vida de Juan no hubiera coincidido con sus palabras, su mensaje habría caído en oídos sordos.

e)     Así también sucede con nosotros. La gente observa la forma en que actuamos más que oír lo que decimos.

 

f)      Juan el bautista fue una voz para Jesucristo con más que su voz. Su vida coincidía con sus palabras.

 

g)     Cuando las palabras y las acciones de una persona son las mismas, el resultado es explosivo. Pero cuando una persona dice una cosa y vive otra, el resultado es destructivo.

 

h)     La gente sabrá que somos cristianos no porque nos llamemos cristianos ni porque traigamos una calcomanía en la defensa de nuestro auto que diga: Todo lo puedo en CRISTO que me fortalece, sino por la forma en que vivimos.

 

i)       Es la vida la que se gana el nombre y no el nombre lo que crea la vida.

 

ILUSTRACIÓN: Una pareja judía se encontraba discutiendo sobre el nombre que le pondrían a su primer hijo. Finalmente llamaron al rabino para que viniera y pudiera interceder en la discusión. -¿Cuál es el problema? –preguntó el rabino.

La esposa habló primero:

-Mi esposo quiere ponerle el nombre de su padre y yo quiero que lleve el nombre de mi padre.

-¿Cómo se llama su padre? –preguntó el rabino al esposo.

-José. Le contestó el esposo.

-¿Y como se llama su padre? –le preguntó a la esposa.

-José. Le contestó la esposa.

-Y entonces ¿Cuál es el problema? –preguntó el rabino sorprendido.

A lo que la esposa respondió:

-El padre de mi esposo fue un ladrón de caballos y el mío fue un hombre honrado. ¿Cómo podré saber que mi hijo va a llevar el nombre de mi padre y no el del padre de mi esposo?

El rabino lo pensó por un momento y luego les dijo:

-Pónganle José. Y después vean si resulta un ladrón de caballos o un hombre honrado. De esa manera se darán cuenta de cual de los dos padres lleva el nombre.

 

(Nota: Agradezco a Max Lucado por escribir esta ilustración en uno de sus muchos libros)

 

CONCLUSIÓN: Una cosa es llamarse cristiano e hijo de Dios y otra muy distinta es el ser llamado hijo de Dios por los que observan nuestra vida (Hebreos 12:12-14).

 

Daviel D'Paz, 2008