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Tema: “Como tener la clase de fe que mueve montañas”

(Lucas 17:5,6).

 

 

Introducción: La mayoría de los creyentes han oído o leído que la vida cristiana se vive solo por fe y hasta cierto punto lo creen. Pero ¿Cómo es la fe? ¿A que se parece?

 

1)      La fe de Abraham.

Leemos de la fe de Abraham por ejemplo y nos maravillamos al darnos cuenta de la gran fe que él tenía (Romanos 4:16-25).

 

2)     La fe de Job.

Leemos también de la gran fe que tuvo el patriarca Job al glorificar a Dios aún cuando lo perdió todo –posesiones, hijos, salud, riqueza y aún hasta el amor de su esposa-. ¿Cuál fue su respuesta a todo esto? (Job 1:20,21).

 

I.- La fe que hace la verdadera diferencia.

 

a)     La fe en sí misma no tiene cual ningún poder. Los paganos que no conocen al Dios verdadero se inclinan con fe y adoran a los ídolos de piedra y metal sin recibir cual ninguna respuesta.

 

b)     No importa cuanta fe posea la persona, si esa fe no está puesta en quien debe ser puesta, tal fe no logrará absolutamente nada. Muchas personas pueden decir: “Yo tengo fe”. Pero lo más importante no es si la persona tiene fe, sino más bien ¿En quien ha depositado su fe? No puede haber ningún resultado si tenemos fe en nuestra fe. Los resultados se obtienen cuando depositamos nuestra fe en Jesucristo tal como se nos revela en la Palabra de Dios.

 

c)      Es por eso que cuando leemos de los grandes hombres de fe en la Biblia, nos sentimos tentados a hacerle la misma petición al Señor como lo hicieron sus discípulos: Auméntanos la fe (v.5).

 

d)     Pero analicemos cuidadosamente la respuesta que les dio Jesucristo a sus discípulos en el v. 6. Jesucristo ni siquiera los elogió por su deseo de tener una fe más grande. En vez de un elogio les dio una pequeña exhortación.

 

e)      En su respuesta a los discípulos, Jesucristo les trató de decir que no pidieran una fe más grande, que ya tenían la fe que ellos necesitaban tener y que lo único que necesitaban era depositar esa fe en la persona correcta.

 

f)       La gran verdad que los discípulos necesitaban a prender y también nosotros es que lo que necesitamos no es una fe “gigante”. Ellos necesitaban aprender y también nosotros, que el tamaño de la fe no es lo importante. En lugar de contestarles como los discípulos esperaban (algo así como: es cierto, su fe es demasiado pequeña y necesito aumentárselas), Jesucristo claramente les dijo algo que debió haberlos dejado casi con la boca abierta (Lucas 17:5).

 

g)     Esto significa que la fe no tiene nada que ver con cantidades o tamaños, sino en el objeto de nuestra fe: Dios (Marcos 11:22). Si nuestra fe se encuentra enfocada en el objetivo equivocado, de nada sirve.

 

h)     El grano de mostaza es una de las semillas más pequeñas y diminutas pero Jesucristo claramente dijo que con esa fe tan pequeña haríamos cosas humanamente imposibles.

 

II.- ¿En donde está puesto nuestro enfoque?

 

a)     El enfoque u objetivo de nuestra fe es de suma importancia. El objeto de nuestra fe siempre debe ser Dios mismo y toda nuestra vida debe enfocarse en el Dios invisible (2 Corintios 4:16-18).

 

b)     ¿Cómo podemos ver a alguien que es invisible? A través de los ojos de la fe. Fe es creer en lo que no vemos, pues si lo viéramos entonces no sería fe (Hebreos 11:1). Esto significa que aún cuando me quede sin trabajo, pierda mi salud, se me acabe el dinero, mi fe seguirá siendo firme debido a que se encuentra enfocada y puesta en el Dios viviente (Hebreos 6:18,19).

 

c)      La fe es un don de Dios y esa fe que proviene de él es una fe activa y siempre debe enfocarse en el Dios Todopoderoso.

 

III.- La fe verdadera se basa en la Palabra de Dios e involucra todas las áreas de nuestro ser.

 

a)     La fe verdadera no solo es una fe intelectual y emocional, sino que también es una fe que involucra nuestra voluntad.

 

b)     El intelecto entiende la verdad, el corazón desea la verdad y la voluntad obedece la verdad. Los hombres y mujeres de fe de Hebreos 11, fueron personas de acción: Dios habló y ellos obedecieron.

 

Conclusión: La verdadera fe que mueve montañas y que produce resultados, es la fe que nos impulsa a la acción. La fe verdadera se caracteriza por impulsar nuestra voluntad a la obediencia y esa obediencia no es un acto de vez en cuando, sino un constante estilo de vida.

 

Daviel D'Paz, 2008