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Tema: “EL REMEDIO PARA EL AFÁN Y LA PREOCUPACIÓN” (5ª Parte)

(Mateo 6:31,32)

Domingo 5 de Marzo del 2006

 

 

Introducción: En los mensajes anteriores aprendimos que Jesucristo nos muestra con distintos ejemplos del cuidado que el Padre tiene de nosotros. Nos habla del cuidado que Dios tiene de las aves del cielo y de los lirios del campo con el objetivo de que podamos estar seguros de las provisiones de Dios en nuestra vida diaria.

 

En los versículos que leímos, Jesucristo continúa con el tema y nos habla de cómo podemos practicar la fe que decimos tener en nuestro Padre celestial.

 

I.- El cristiano no debe ser igual que los gentiles (v. 31,32).

a)  Jesucristo nos dice que si nos afanamos o preocupamos por la comida, el vestido, o por nuestra vida en este mundo, entonces no somos distintos a los gentiles debido a que ellos hacen todas esas cosas.

 

b)  La palabra “gentiles” (ethnoi) literalmente significa “paganos” o “inconversos”. Es por eso que si somos culpables de preocuparnos por la comida, la bebida o el vestido o por ciertas cosas que no tenemos, y si estas cosas dominan nuestra vida, entonces nos estamos comportando y viviendo como viven y se comportan los “paganos”.

 

c)   Los gentiles eran personas que no conocían al Dios verdadero porque no tenían la revelación de Él. Eso es lo que diferenciaba al pueblo de Israel de todas las demás naciones (Romanos 3:2).

 

d)  Dios no solo se reveló de una manera especial al pueblo judío con el llamamiento de Abram, sino también al darles la ley y las enseñanzas de los profetas. Pero los gentiles no conocían nada de esas cosas. No tenían esa revelación especial de Dios y por lo tanto, no lo conocían.

 

e)   Los gentiles tampoco conocían nada de la revelación de Dios en Jesucristo o de la salvación disponible solo en él. Se encontraban totalmente ignorantes del verdadero significado de la vida tal y como es enseñado en la Biblia.

 

f)   Vivían en tinieblas respecto a cómo debían vivir en este mundo. Se encontraban también en tinieblas respecto a su destino eterno. Su manera de ver la vida se encontraba completamente limitada por sus propios pensamientos y carecían de la luz espiritual que viene del cielo.

 

g)  Es por eso que Jesucristo enfatiza que la preocupación o el afán por las cosas materiales es inconsistente con nuestra fe en Dios, ya que tal afán no solo es irrazonable sino también pecaminoso debido a que la preocupación es sinónimo de incredulidad.

 

h)  Todos aquellos que no conocen al Dios verdadero ponen toda su esperanza y expectativas en cosas que ellos pueden disfrutar aquí y ahora. Lo único que ellos desean disfrutar es el presente y es por eso que su materialismo es consistente con su religión.

 

i)  Como no conocen a Dios, no tienen más que a ellos mismos para poder suplir sus necesidades tanto físicas como espirituales. Es por eso que buscan obtener todas las cosas por sí mismos. No saben que es Dios el que suple las necesidades y por lo tanto, no se interesan en ello. Como no cuentan con ningún Padre celestial que cuide de ellos, entonces sí hay razón para preocuparse.

 

j)  Los dioses de los gentiles eran dioses fabricados por el hombre pero inspirados por Satanás. Eran dioses a los que se tenía que complacer para que no se enojaran y que demandaban mucho, pero ofrecían muy poco. Es por eso que la filosofía de todos aquellos seguidores de los dioses falsos era la de buscar a como diera lugar todos los placeres y satisfacciones mientras se pudiera (1 Cor. 15:32).

 

k)  Pero tal filosofía es completamente irrazonable para todos los que tenemos la esperanza en la resurrección y que tenemos a un Padre celestial que conoce y suple todas nuestras necesidades. El creyente fiel que confía en Dios para su provisión no se preocupa ni se afana con nada pues sabe que el Padre celestial suplirá todas sus necesidades (Fil. 4:6).

 

II.- El cristiano no debe ver la vida tal como la ven los gentiles.

a)  Los “gentiles” o inconversos que tienen un punto de vista pagano de la vida, generalmente ven las cosas que nos suceden de dos maneras distintas: 1) Están aquellos que creen que todas las cosas que suceden en esta vida son por accidente y se le conoce con el nombre de “contingencia”. Dicha teoría afirma que las cosas que sucede, suceden sin razón o propósito y que uno no puede saber que es lo que sucederá después. 2) El otro punto de vista se le conoce como “fatalismo” y se va hasta el otro extremo.

 

b)  El fatalismo afirma que lo que será tendrá forzosamente que suceder y que no hay nada que hagamos o dejemos de hacer para poder evitarlo. El fatalismo enseña que no podemos hacer nada acerca de esta vida, que existen poderes que nos dominan y nos controlan de manera inevitable y que nos encontramos sujetos a un rígido determinismo.

 

c)  Tanto uno como el otro, ambas maneras de ver la vida son dos principales expresiones paganas de ver la vida. Desafortunadamente muchos cristianos de manera inconsciente caen en un extremo o en el otro.

 

d)  El punto de vista bíblico de la vida es descrito por Jesucristo en el sermón del monte. Tal enseñanza se le conoce como la doctrina de la “seguridad”. Dicha enseñanza nos dice que la vida no es controlada por una ciega necesidad, sino que las cosas son ciertas y seguras debido a que nos encontramos en las manos del Dios viviente.

 

e)  Si una persona tiene un punto de vista pagano de la vida en este mundo, también tendrá un punto de vista pagano de la vida futura. Tal punto de vista afirma que absolutamente nadie puede saber con certeza lo que existe después de la muerte y como resultado de esta forma de creer, la persona hará todo lo que esté a su alcance para disfrutar de esta vida porque esta es la única vida que  tendrá (“comamos y bebamos que mañana moriremos”). 

 

f)  Esta es la filosofía que impera en la actualidad por todos lados en todos los niveles de la sociedad. Y como resultado de esta filosofía en lo que menos se interesan millones de personas, es en su destino eterno.

 

Conclusión: Tal vez nosotros no neguemos con nuestras palabras de que existe una vida después de la muerte, pero tal vez nuestras acciones gritan en alta voz que lo único que nos interesa es esta vida y que deseamos disfrutar del momento aquí y ahora sin importarnos o preocuparnos por el “reino de Dios y su justicia”. Si es así, entonces nos encontramos viviendo una vida inconsistente: Por un lado creemos en Jesucristo pero por el otro, nos aferramos a esta vida como si fuera la única vida que tendremos.

 

Daviel D'Paz, 2008