Capítulo 2
EL RESULTADO QUE OBTENEMOS CUANDO NUESTRA FE ES PROBADA
“Sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia” (1:3)
Habiendo puesto las cosas en su perspectiva correcta, podemos ahora enfocarnos en conocer lo que las pruebas pueden y deben producir en nuestra vida. Santiago claramente nos dice que podemos beneficiarnos de nuestras problemas cuando esperamos confiando en Dios, debido a que la prueba de nuestra fe produce paciencia. La paciencia es el resultado de confiar en Dios durante los tiempos de pruebas y dificultades. Cuando nos llegan los problemas, podemos reaccionar1de diferentes maneras: 1) Podemos sentir temor de enfrentarlos. 2) Podemos sentir que destrozan y destruyen nuestra vida, o 3) Podemos descansar en la verdad bíblica de que nuestra vida se encuentra en las manos de Dios y que podemos confiar en Su bondad, sabiduría y poder.
Se dice que un joven ministro dándose cuenta de su falta de paciencia, le pidió en cierta ocasión a un predicador con más experiencia que orara por él acerca de este problema. El experimentado hombre de Dios se arrodilló juntamente con el joven y comenzó a pedirle al Señor que le enviara problemas y dificultades a la vida de su joven hermano. Mientras continuaba en su súplica, el joven pastor le toca el hombro y le susurra: “Usted tal vez no me entendió. Le pedí que orara al Señor para que Él me diera más paciencia y no para que aumentara mis problemas”. A lo que el anciano ministro le responde: “Las Escrituras dicen que ‘la tribulación produce paciencia’ así que, esa es la única manera de poder obtenerla”.2
Santiago nos dice claramente que el resultado que produce nuestra fe cuando es probada es “paciencia”. Para poder comprender esto, debemos tener en cuenta que Santiago escribió esta epístola a un grupo de cristianos que
se encontraban en medio de una persecución y grandes sufrimientos debido a su fe en Jesucristo.
Habían huido de Jerusalén para escapar de la persecución que se había desencadenado con la muerte de Esteban. Esto significaba abandonar sus hogares y ocupaciones que habían tenido por años. En esa situación en la que ahora se encontraban, era sumamente difícil encontrar empleo y un lugar digno en el cual vivir. Para poder sobrevivir en esas condiciones, muchos de ellos se veían forzados a aceptar los trabajos más duros y menos pagados convirtiéndose en casi unos esclavos, viviendo en una extrema pobreza. Tal era el precio que tenían que pagar por seguir a Jesucristo.
No hay duda que los problemas y las dificultades prueban nuestra fe y dejan al descubierto si es o no genuina. Es por eso que nuestra fe siempre será probada. Cuando Dios llamó a Abraham a una vida de fe, Dios tuvo que probarlo para que Abraham pudiera beneficiarse con el resultado de su fe probada e incrementar también esa fe que ya tenía. William McDonald nos comenta lo siguiente respecto a la prueba de fe con la que Abraham tuvo que enfrentarse: “La prueba
suprema de la fe de Abraham vino cuando Dios le ordenó que ofreciera a su hijo Isaac como una ofrenda en el monte Moriah. De hecho, Dios no tenía la intención de permitir que Abraham asesinara a su hijo ya que Él siempre había estado en contra de los sacrificios humanos....Las palabras de Dios “tu único, Isaac, a quien amas” debieron haber traspasado el corazón de Abraham como afiladas saetas. Isaac era el único hijo de Abraham en el sentido de que él era el único hijo de la promesa –el hijo único, el hijo del nacimiento sobrenatural.”3
Fred D. Howard dice lo siguiente respecto a la prueba de fe a la que fue sometido Abraham: “Podemos concluir entonces, que las pruebas ponen a prueba nuestra fe para determinar si es o no genuina. Por ejemplo, la fe de Abraham fue demostrada como genuina cuando Dios lo probó al ordenarle que ofreciera a su hijo Isaac (Gen. 22:1-14). Por otro lado, si Abraham hubiera rehusado hacerlo, su fe habría demostrado ser inadecuada, si no es que espuria.”4 Y Warren Wiersbe nos dice que, “Nuestro Dios siempre nos prueba para que podamos descubrir lo mejor, pero Satanás nos tienta para poder sacar lo peor.”5
La prueba de nuestra fe demuestra también que verdaderamente hemos nacido de nuevo. Las pruebas y los problemas han sido diseñados por Dios para que obren siempre a nuestro favor y no en nuestra contra: “Para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo” (1 Pedro 1:7). La Palabra de Dios también nos dice claramente que las pruebas obran en beneficio del creyente y no en su contra: “Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria” (2 Cor. 4:17).
El propósito de Dios al permitirnos pasar por el fuego de las pruebas es que Él desea producir en nosotros paciencia, fortaleza y habilidad para continuar adelante aún cuando la situación sea completamente difícil. Bruce Barton nos
dice que, “la persona que se encuentra siendo probada debería fortalecerse y purificarse como resultado de tales pruebas. En este caso, las pruebas no determinan si los creyentes tienen fe o no; sino mas bien, las pruebas fortalecen a los creyentes al agregar paciencia a la fe que ya se encuentra presente.”6 El inspirado apóstol Pablo claramente nos dice también que, “Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza” (Romanos 5:3,4). Douglas Moo nos dice que, “Se le pide al creyente a que
reaccione ante las pruebas con gozo, porque él está conciente que ellas se encuentran obrando para producir una fe más profunda, más fuerte y más segura.”7
Las personas que todavía son inmaduras casi siempre son impacientes, pero por el contrario, las personas maduras son pacientes y persistentes. Se ha dicho que la impaciencia y la incredulidad casi siempre van de la mano. Cuando el creyente aprende a esperar en el Señor, entonces Dios puede hacer grandes cosas con él y a través de él. Pero cuando no sabemos esperar, nos enredamos en serios problemas. La paciencia en nuestra vida es un poderoso
testigo de la fidelidad de nuestro Dios. Él puede permitirnos experimentar ciertas pruebas y problemas para poder demostrarles a otras personas que Él es real. Job es un claro ejemplo de esto (ver Job capítulos 1 y 2).
Paul A. Cedar en su comentario de Santiago nos cuenta de un amigo suyo cuya fe también fue probada de una manera no muy agradable: “Un cercano amigo mío ha estado experimentando este tipo de prueba en su propia vida. Hace apenas unos años, él era un socio principal en una importante firma en Los Ángeles. En ese tiempo, él comenzó a sentir que Dios lo estaba llamando hacia una nueva fase de su ministerio. Después de considerarlo en oración por un buen tiempo, finalmente renunció a su posición y se matriculó en un seminario teológico con el fin de prepararse para el ministerio pastoral. Por supuesto que esto requirió de una cantidad considerable de sacrificio, incluyendo una pérdida económica substancial. Pero el principal compromiso de su vida era con Jesucristo como Señor. Él creía que se encontraba haciendo la voluntad de Dios. Terminó el seminario con honores y recibió su primer llamado a servir como asistente de pastor de una gran iglesia. Durante su primer año de servicio en esa iglesia cayó enfermo. Los exámenes médicos revelaron que se encontraba padeciendo de cáncer. Desde ese día, se ha sometido a varias cirugías y a una variedad de terapias para el cáncer. La pregunta más normal sería, ¿Por qué Dios permitiría que tal
cosa le sucediera a un hombre que ama a Dios grandemente y quien también se sacrificó en gran manera para poder seguir a Jesucristo? Estoy seguro que mi amigo ha luchado personalmente con ese tipo de preguntas. Sin embargo, existe una pregunta más profunda todavía que tiene mucho más importancia y es, ¿Cómo está su fe? ¿Le ha soportado la prueba o le ha fallado? Las buenas nuevas es que la gracia de Dios ha sido suficiente. Su fe ha estado creciendo. Le ha confiado su vida al Señor no solo en palabra, sino también en acción. Su fe ha estado ganando la victoria y él admite sin vacilar que sus dolorosas experiencias le han traído algunos resultados muy importantes –entre ellos la paciencia.”8
Esto nos muestra que la paciencia en nuestra vida durante los tiempos de prueba, es algo que Dios puede usar para persuadir a un mundo incrédulo de Su innegable realidad. En una ocasión Abraham no esperó el tiempo de Dios y oyó el consejo de su esposa Sara para que intentara procrear un hijo con Agar la sierva egipcia y como resultado, su proceder trajo grandes problemas no solo a su propia familia, sino también a toda su descendencia (Génesis 16). Moisés quiso hacer lo que solo le pertenecía a Dios al darle muerte a un egipcio y como resultado de su impaciencia, tuvo que vivir en el desierto como pastor de ovejas por 40 años (Éxodo 2). Es por eso que la única manera en la que el Señor puede desarrollar en nosotros paciencia y carácter para poder serle instrumentos útiles, es a través de las pruebas y las tribulaciones.
Derek Tidball dice: “La idea de que las pruebas producen paciencia y demuestran si somos o no dignos de confianza, es evidente en una cantidad de distintas maneras en nuestra experiencia diaria. No tenemos ningún problema en aceptar esto. Los metales son puestos a prueba primero antes de poder ser usados para la construcción de equipo aéreo y puentes, para que podamos tener la confianza de que no nos fallarán en el momento crucial. Los metales preciosos son sometidos a prueba para demostrar si son genuinos o si son solo una imitación....Lo que es verdad en nuestra vida ordinaria, también lo es en la espiritual. Pedro escribió acerca del sufrimiento como un medio para poder probar lo genuino de la fe en el creyente (1 Pedro 1:6-8)”.9
Para bien o para mal, nuestra cultura actual se encuentra acostumbrada a la comida rápida
y a los inventos tecnológicos avanzados que nos ayudan a realizar las cosas en el menor tiempo posible, por lo que, de una o de otra manera, eso ha influenciado nuestra perspectiva
espiritual de ver las cosas. Estamos tan acostumbrados a realizar ciertas labores físicas en cuestión de minutos, que nos desesperamos si no obtenemos los mismos resultados espirituales en cuestión de minutos también. Es por eso que en el área espiritual también somos impacientes y no queremos esperar el tiempo de Dios porque estamos acostumbrados a ver resultados rápidos y no hay lugar para una vida de espera en el Señor.
"Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna" (1:4).
Como ya hemos visto en detalle, nuestro Dios usa las pruebas y los problemas para desarrollar y mejorar ciertas áreas de nuestra vida en las que nos encontramos espiritualmente deficientes, especialmente en el área de la paciencia. Es interesante darnos cuenta lo que Santiago nos dice en el versículo 4. Santiago nos recuerda que Dios no permite los problemas porque no nos ame o porque deliberadamente desee negarnos ciertas cosas, sino mas bien, para asegurarnos que no careceremos de nada que Su gracia no pueda proveer. A través de los problemas, Dios crea necesidades que son diseñadas para que podamos recibir de Él las cosas que nos faltan. Entre más recibimos de Dios, más reconocemos que Él provee y proveerá para nuestras necesidades. Con el tiempo llegamos a ser “perfectos” (maduros) y “cabales” (completos), sin necesidad de nada.
La palabra “tenga” es muy importante aquí en este versículo y quiere decir: “Permitir” y “Someterse”. Cuando vienen los problemas debemos dar lugar a la obra perfecta que Dios quiere llevar a cabo en nuestra vida. Pero cuando nos quejamos y renegamos, haciendo todo lo posible por escapar de nuestros problemas, impedimos con nuestra actitud la perfecta obra de Dios y nos quedamos espiritualmente inadecuados. Dios no puede edificar nuestro carácter si no cuenta con nuestra entrega voluntaria. Nuestro Dios no se conforma con un trabajo a medias; Él desea un producto totalmente terminado que sea maduro (perfecto) y completo (cabal). El propósito de Dios para nuestra vida es la perfección o madurez. Sería una verdadera tragedia si nuestros hijos permanecieran siendo siempre unos bebés. De la misma manera, sería una verdadera tragedia si nosotros permanecemos siempre siendo unos bebés sin alcanzar la madurez espiritual.
Clayton K. Harrop afirma que, “La meta del niño que se encuentra creciendo es la madurez física, mental y emocional. La meta del cristiano en crecimiento debe ser también la madurez espiritual. Esto solo puede ser posible a través de las experiencias con las pruebas de esta vida. Tales experiencias pueden ser desagradables, pero la adquisición de madurez hace que ellas valgan la pena”.10
El creyente que tiene paciencia en su vida no le hará falta nada. El objetivo de Santiago es mostrarnos que el cristiano que da lugar para que la paciencia haga su obra perfecta en su vida, jamás será derrotado. Tal cristiano siempre vivirá una vida victoriosa de manera constante y nunca vivirá de manera pesimista, amargada o irritada. Siempre estará deseoso de hacer el trabajo que Dios le ha encomendado hacer.
Santiago claramente nos dice que la paciencia debe hacer su obra completa hasta que seamos “perfectos” y “cabales”. La palabra traducida como “perfectos” (teleios) significa “maduros” o “crecidos” pero no significa impecabilidad. Spiros Zodhiates nos dice que, “La palabra teleios puede ser usada en un sentido absoluto o relativo (Mat. 5:48; 19:21). La perfección de Dios es absoluta, la del ser humano es relativa. La palabra teleios se refiere a alguien que ha alcanzado madurez, la meta para lo que fue destinado, a saber, ser un hombre obediente en Jesucristo”.11
David P. Nystrom nos dice que esta palabra (teleios) “denota una cierta ‘meta’ o ‘propósito correcto’. Este es un término clave para Santiago y ningún otro libro del Nuevo Testamento la usa mas a menudo. Cuando se es usada para describir el carácter, implica que Dios es una parte de cualesquier proceso que exista en la formación del carácter. Su alcance en significado se extiende a la completa expresión de carácter en las edades futuras. Es también importante notar que esto no es algún tipo de objetivo inalcanzable, sino por el contrario, podemos llegar a ser personas de integridad, personas que se encuentran resueltas en su lealtad y devoción a Dios. Es carácter completamente desarrollado de una obediencia estable”.12
Aunque en esta vida nunca podremos ser totalmente “perfectos” y nunca alcanzaremos una completa madurez espiritual, la meta es ser como Jesucristo tanto como nos sea posible. Y las pruebas cuando son enfrentadas de la manera correcta, nos ayudan a progresar hacia ese objetivo. Desafortunadamente muchos cristianos tratan de protegerse de las pruebas y como resultado nunca experimentan el crecimiento en su vida espiritual. Dios siempre construye nuestro carácter antes de llamarnos a su servicio. Primero debe obrar en nosotros antes de que pueda obrar a través de nosotros.
Warren Wiersbe comenta que, “Una de las etapas difíciles hacia la madurez es destetar a un niño. El niño que es destetado siente que seguramente su mamá ya no lo ama y que todo está en su contra. En realidad, la destetada es un paso hacia la madurez y la libertad. ¡Eso es algo bueno para el niño! Algunas veces Dios tiene que destetar a sus hijos de sus juguetes infantiles y de sus
actitudes inmaduras. David se refirió a esto en el Salmo 131:2 ‘En verdad que me he comportado y he acallado mi alma como un niño destetado de su madre; Como un niño destetado está mi alma’. Dios usa las pruebas para destetarnos de nuestras cosas infantiles, pero si no nos rendimos a él, nos volveremos todavía más inmaduros”.13
David reconoció que a través de los problemas había crecido y madurado. Él tuvo que soportar los problemas y las aflicciones hasta que fue destetado. Pero aunque fue destetado, él continuó viviendo en comunión e intimidad con el Señor así como un niño aunque es destetado sigue todavía aferrado a los brazos de su madre. De la misma manera las pruebas, los problemas y el sufrimiento nos “destetan” por así decirlo, de nuestra dependencia y confianza en nosotros mismos o en las cosas efímeras de esta vida. Podríamos decir que las pruebas y tribulaciones son mensajeros de Dios para nuestro propio bien.
Santiago no solo dice que seremos “perfectos”,14 sino que también seremos “cabales”15 (holoklêros). Derek
Tidball dice que, “Esta madurez no llega de manera instantánea. Ninguna experiencia dramática del Espíritu Santo podrá producirla en un instante. Es el producto de toda una vida. Es la culminación de la obra de un maestro artesano habilidoso, cuidadosamente remodelando nuestro carácter...La meta [de Santiago] es ver a sus lectores completos. Eso significa estar totalmente enfocados en Dios; estar integrados como individuos e integrados en la comunidad cristiana; estar completamente entregados para llegar a hacer la voluntad de Dios y rechazar todo tipo de transigencias, rehuirle a todo aquello que pueda fragmentar nuestra vida o que nos lleve a distintas direcciones y poder excluir todo lo que sea incompatible con nuestra meta”.16
Pero Dios no va a obrar en nosotros si no existe disponibilidad para someternos a Su voluntad. Debe de haber una voluntad totalmente rendida a Él. El cristiano maduro no discute con la voluntad de Dios, sino más bien, la acepta voluntariamente y la obedece gozosamente (Efesios 6:6). Si nos disponemos a enfrentarnos a las pruebas y luchas sin que nuestra voluntad se encuentre totalmente rendida, terminaremos más como niños inmaduros que rehúsan ser destetados y como resultado, Dios tendrá que prolongar el tiempo para que podamos madurar adecuadamente y usarnos solo hasta que estemos listos.
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Dios tuvo que trabajar por 25 años en la vida de Abraham antes de que pudiera darle al hijo que le había prometido.
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Dios también tuvo que trabajar por 13 años en la vida de José permitiéndole pasar a través de varias pruebas, antes de ponerlo en el trono de Egipto.
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Dios también tuvo que tratar con Moisés por 40 años en el desierto de Madián antes de que estuviera listo para la gran tarea que Dios le tenía encomendada.
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Los discípulos tuvieron que pasar 3 años con nuestro Señor Jesucristo para que él pudiera capacitarlos y moldearles su carácter.
Y si todos esos personajes bíblicos tuvieron que esperar todos esos años para que su vida pudiera madurar y ser moldeada por Dios de la manera que Él quería hacerlo, ¿Acaso creemos que nosotros podremos lograr tal madurez de manera instantánea sin tener que pasar por el mismo proceso que Dios utiliza? El proceso de madurez debe ser natural para que pueda ser efectivo. La mayoría de las frutas que encontramos hoy día en el mercado se ven
maduras por fuera, pero de inmediato nos damos cuenta que tal madurez no es natural sino artificial. Y el resultado es decepcionante cuando vemos que las naranjas que escogimos todavía están agrias y sin jugo, y los plátanos duros y simples. Todo esto, gracias a que la fruta se cortó precipitadamente sin esperar el tiempo necesario para que madurara.
John Phillips nos dice que, “Vivimos en los días de los restaurantes de comidas rápidas, de
noticias y entretenimiento instantáneo. Intentamos aplicar todo este tipo de rapidez a la vida espiritual. Un personaje famoso profesa haber sido salvo e inmediatamente es promocionado y llevado de lugar en lugar para que cuente su testimonio, siendo aplaudido y ovacionado en todo momento. Un joven demuestra capacidad para ser un buen predicador y de inmediato es invitado a todas partes para predicar su media docena de sermones prestados. Llega hasta la conferencia de circuito y accede al púlpito de las mega-iglesias. Y entonces ¡Zas! Se cae hasta el suelo. El consejo de la Palabra de Dios en toda esta precipitación es: ‘¡Espera!’. Claramente ella nos dice, “no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo” (1Timoteo 3:6).17
Notas:
1Bruce B. Barton describe tres reacciones comunes que tendemos a hacer cuando nos llegan las pruebas y los problemas:
1) “Escapar– Nuestra primera linea defensiva es el evitar, negar o escapar. No deseamos enfrentar pruebas; les damos la espalda tan pronto como nos sea posible. Pero Santiago no está escribiendo aquí acerca de pruebas que se pueden evitar. Estas no son dificultades que nos buscamos para poder practicar la paciencia. Estas son pruebas y tentaciones que nos vienen buscando a nosotros”.
2) Explicar– Cuando nos enfrentamos con los problemas, tendemos a preguntarnos: ¿Por qué me sucede esto a mi? Si solo pudiéramos entender las razones que Dios tiene, sería mucho más fácil soportar cualquier cosa que estemos padeciendo. Si podemos explicar, entonces podemos soportar. Pero el insistir en respuestas específicas en realidad debilita nuestra paciencia. Santiago no nos anima a esperar una explicación. Nos insta a que continuemos con nuestro servicio con gozosa paciencia en lugar de intentar explicar cada evento que Dios permite a nuestra vida. ¿Qué hacemos cuando nos enfrentamos con diferentes pruebas que no podemos explicar?
3) Salir– Una vez que las pruebas están sobre nosotros, deseamos estar tan lejos de su alcance tan rápido como nos sea posible. Cualquier atajo ofrecido es tentador. Pero las soluciones rápidas a las pruebas a menudo nos comprometen en áreas que no podemos negociar....Santiago no vacila en animarnos para que tengamos paciencia con gozo cuando nuestra pregunta es ¿Qué hacemos cuando enfrentamos problemas y no existe una salida rápida? (Bruce B. Barton, Op. Cit. p. 8-9).
2Citado de, James: Faith That Works, pp. 7, 8. Regal Books, 1972.
3William MacDonald, Believer’s Bible Commentary, p. 58, Thomas Nelson, 1995.
4Fred D. Howard, James: Epistle of Action, p. 9, Baker Books 1969.
5Warren W. Wiersbe, Be Mature p. 24, Charriot Victor, 1978.
6Bruce B. Barton, Op. cit. p. 7
7Douglas J. Moo, James: Tyndale New Testament Commentaries, p. 60, IVP 1985.
8Paul A. Cedar, The Preacher’s Commentary: James, pp. 23,24, Thomas Nelson 1984.
9Derek Tidball, Wisdom From Heaven, p. 24, Christian Focus 2003.
10Clayton K. Harrop, The Letter Of James, p. 22, Convention Press 1969.
11Spiros Zodhiates, The Complete WordStudy Dictionary, p. 1372, AMG 1992.
12David P. Nystrom, The NIV Application Commentary, p. 49, Zondervan 1997.
13Op. Cit. p. 27-28
14Bruce B. Barton nos dice que la palabra “perfecto” significa: “Maduro, experimentado, bien desarrollado, listos para llevar a cabo las tareas que Dios nos encomendó realizar en este mundo. La madurez en este sentido no está relacionada con la edad. Es una cualidad desarrollada por lo mucho que hemos aprendido de las pruebas que hemos experimentado. Alguien ha definido la experiencia como la habilidad para reconocer un error cuando lo cometemos otra vez. Es una habilidad aprendida de experiencias previas. Pero la madurez toma tiempo”. (Bruce B. Barton, Op. cit. p. 9).
15Una vez más, Barton nos dice que la palabra “cabal” o “completo” significa estar totalmente capacitado: “Las debilidades e imperfecciones están siendo removidas de nuestro carácter, nos encontramos obteniendo la victoria sobre nuestros antiguos pecados, estamos demostrando un sentido de capacidad respecto a la vida. Esta cabalidad se relaciona con lo amplio de nuestra experiencia. Hemos pasado a través de distintas pruebas. Estar completo significa que hemos madurado en muchas áreas de la vida. Dios no desea substitutos baratos, sino cristianos bien desarrollados”. (Bruce B. Barton, Op. cit. p. 9)
16Op. Cit. p. 25-26
17John Phillips, Exploring the Epistle of James, p. 30, Kregel 2004.
Copyright: Daviel D'Paz, 2008