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Capítulo 4

 

DOS EJEMPLOS ESPECIFICOS DE CÓMO NUESTRA FE ES PROBADA

 

 9 El hermano que es de humilde condición, gloríese en su exaltación; 10 pero el que es rico, en su humillación; porque él pasará como la flor de la hierba. 11 Porque cuando sale el sol con calor abrasador, la hierba se seca, su flor se cae, y perece su hermosa apariencia; así también se marchitará el rico en todas sus empresas.  (1:9-11)

 

Una de las fuerzas poderosas en este mundo que ejerce una influencia considerable en nuestra vida diaria, es el dinero o la ausencia de este. El dinero ha venido cambiando con el paso del tiempo, pero lo que nunca ha cambiado es el significado que tienen las riquezas en aquellos que las poseen. Por eso, uno de los grandes peligros del materialismo es que puede satisfacer a las personas de tal manera, que ellas pueden llegar a pensar que Dios no tiene nada que ofrecerles que el dinero no pueda ofrecerles también. Pablo dice algo muy interesante sobre esto en Primera de Timoteo 6:9,10.

 

Otro de los grandes peligros de las riquezas es que ellas pueden dar un falso sentido de seguridad al que las posee. Por medio de ellas, la persona puede creer que cuenta con los suficientes recursos para poder enfrentarse con cualquier clase de adversidad sin ningún problema tal como lo vemos en la parábola del rico insensato (Lucas 12:16-21). La persona de “doble ánimo” de la que nos habla Santiago en los versículos anteriores, se caracteriza  por el deseo de servir a Dios, pero al mismo tiempo, también desea servir a las riquezas (Mateo 6:24). Pero el verdadero creyente es amonestado a tener sumo gozo aún en medio de las mas grandes adversidades (Santiago 1:2), y no en las satisfacciones momentáneas que traen consigo los éxitos mundanos.

 

Dos de los beneficios del evangelio es no solo su poder salvador, sino también su poder nivelador de las distintas clases sociales, pues el evangelio acomoda en la misma plataforma tanto a los pobres como a los ricos. De manera paradójica, por medio del evangelio el rico se hace pobre y el pobre se hace rico. Es por eso que el creyente que es pobre en bienes materiales, puede al mismo tiempo ser espiritualmente rico. Y todo aquel que es materialmente rico, debe ser “pobre en espíritu” para que pueda ser verdaderamente rico y poseer “el reino de los cielos” (Mateo 5:3). 

 

Es muy importante notar que Santiago no vio cual ningún problema entre las distintas clases sociales, tal como lo ha visto la filosofía comunista por mencionar un ejemplo. No nos dice absolutamente nada sobre la necesidad que hay de resolver las diferencias existentes entre las clases sociales, ni tampoco nos dice que debamos involucrar a la iglesia en el activismo social. Al parecer, Santiago no era “socialista”. En ninguna parte de esta epístola encontramos alguna sugerencia o algún mandato a crear programas para la re-distribución de las riquezas, tal como la filosofía Marxista-comunista lo ha hecho en algunos países. Aunque Santiago no era un “socialista”, sí era un realista. El estaba conciente que Dios ha capacitado a todo ser humano con distintos grados de habilidad e inteligencia para adquirir bienes materiales como parte de Su gracia común.

 

Es por eso que, ya sea que el creyente sea pobre o sea rico, debe gozarse en las pruebas y las dificultades cuando le llegan, sabiendo que ellas son permitidas por nuestro sabio Dios para su propio beneficio. El creyente pobre puede ser probado tan intensamente, que puede sentirse tentado a quebrantar los mandamientos de Dios si es necesario, para poder aliviar sus pesadas cargas económicas. Pero el creyente rico, puede ser tentado a creer que es el dinero el que le provee de todo lo necesario para vivir una vida de felicidad y satisfacción en este mundo y en el proceso, puede llegar hasta olvidarse de Dios (ver Proverbios 30:8,9).

 

Después de hablar de las pruebas a las que nuestra fe puede ser sometida y de los recursos que necesitamos para enfrentarlas, Santiago nos muestra dos ejemplos específicos para ilustrar lo que nos dice en los versículos anteriores: 1) La prueba de la pobreza (v.9), y 2) La prueba de las riquezas (vs.10,11). Estos versículos nos muestran que tanto los creyentes ricos como los creyentes pobres tienen suficientes razones para regocijarse cuando se hallen en medio de las pruebas. 

Santiago contrasta al hermano que es de humilde condición (pobre) con aquél [hermano] que es rico. Como vimos al comienzo del capítulo 1, la huida de Jerusalén había causado el empobrecimiento de muchos cristianos. Sin embargo, algunos de los cristianos que se encontraban más prósperos habían manejado su situación un tanto mejor, pero aún ellos no estaban libres de problemas y dificultades debido a su fe en Jesucristo.

 

  1. 1. La prueba de fe a la que se enfrenta el creyente pobre

“El hermano que es de humilde condición…” (v.9a)

Varios comentaristas sugieren que Santiago se refiere en estos versículos al cristiano que es económicamente pobre y lo contrasta con el impío que es materialmente rico.1 Pero otros creen que Santiago se refiere tanto a los creyentes pobres como a los creyentes ricos. Douglas J. Moo está de acuerdo con esta última interpretación pues escribe que “la sintaxis sugiere que la palabra “hermano” en el v. 9 puede ser aplicada también a la frase “pero el que es rico” en el v.10”.2 

 

Al parecer, Santiago tenía en mente tanto a los creyentes pobres como a los creyentes ricos al escribir estas palabras.3 Aunque ambos eran diferentes en recursos económicos y posición social, aún así, ambos se enfrentaban con pruebas y dificultades en esta vida. El hermano que es pobre y de humilde condición que se encuentra en medio de grandes pruebas, puede regocijarse en el hecho de que ahora es un heredero de la vida eterna. Probablemente no tenga cual ningún control sobre sus humildes circunstancias y no haya ninguna razón para pensar que su carencia económica se deba a que es perezoso o descuidado. Pero el creyente que es rico y que se encuentra también en medio de serios problemas, necesita darse cuenta que los problemas y las dificultades sirven para recordarle de la insignificancia de las riquezas terrenales y de la fragilidad de su propia existencia.

 

Muchos de los creyentes del primer siglo no gozaban de un status social elevado e incluso, muchos de ellos eran hasta esclavos.4  Para esos creyentes el evangelio de salvación era, en todo sentido buenas nuevas, no solo por su liberación del pecado por medio del evangelio, sino también porque ahora eran “herederos de Dios y coherederos con Cristo” (Romanos 8:7), y se encontraban en un plano mucho más elevado que cualquier príncipe o monarca de este mundo. “No importa cuan bajo fuese considerado su nacimiento en este mundo, ellos eran hijos de Dios”, afirma Johnstone, y continúa diciendo: “No importa cuan intensas fuesen sus penurias, ellos poseían las ‘verdaderas riquezas’ las cuales habían sido puestas en un lugar donde ‘ningun ladrón podía robar’. Tal vez ellos padecían de hambre por falta de alimento para su cuerpo, pero ellos tenían en abundancia el ‘pan de vida’ el cual los sustentaría por siempre”.5

 

“…gloríese en su exaltación”. (v.9b)

La exaltación a la que Santiago se refiere es celestial y no terrenal. El creyente pobre sabe que su pobreza no fue cual ningún impedimento para su salvación y ahora que está en Cristo, goza de las riquezas más grandes que el ser humano jamás podrá soñar. Contrario a la opinión popular del mundo, Santiago afirma que Dios le ha placido exaltar al pobre. Su posición elevada se debe no a las riquezas materiales, sino a la gran verdad de que ahora es un hijo de Dios por la fe en Jesucristo. Cualesquiera que sean las circunstancias sociales o económicas, el creyente en Jesucristo debe regocijarse de su exaltada posición en este mundo.

 

En una sociedad como en la que aquellos cristianos vivían, donde generalmente se creía que la prosperidad económica era una señal visible de las bendiciones de Dios y que la pobreza era una señal visible del castigo de Dios, las palabras de Santiago debieron haber sido como un bálsamo a todos aquellos creyentes materialmente pobres de ese tiempo. Una gran mayoría de esos creyentes, se veían involucrados día tras día en una lucha por la supervivencia, pues muchos ni siquiera sabían en donde conseguirían su próximo alimento. Esto significaba una gran prueba para su fe debido al sufrimiento y las privaciones a las que muchos de ellos se veían sometidos.

 

Es fácil sentirse víctima cuando una persona que se encuentra sufriendo en esta vida, le llegan más problemas todavía. Cuando existen muchas demandas sobre pocos recursos, nos sentimos tentados a acusar a Dios de ser injusto con nosotros. Ante tal situación es fácil sentirse desanimado o amargarse. ¿Cómo puede un cristiano en medio de esas circunstancias tener sumo gozo cuando los nuevos problemas significan un sufrimiento adicional? La respuesta de Santiago es: ¡Por medio de gloriarse en su exaltada posición! Este mundo no es nuestro hogar y sus tesoros y placeres no durarán por siempre. Pero como hijos de Dios y coherederos con Cristo sabemos que toda la riqueza de nuestro Padre celestial también es nuestra. Y esa es una razón más que suficiente para poder gloriarnos.

 

John MacArthur explica en qué consiste el gloriarnos: “Sin embargo, a pesar de esto, tal creyente debía [gloriarse] en su exaltación. Kauchaomai (gloria) a menudo se traduce “gloriarse” o “jactarse”. Santiago se refiere a una legítima forma de enorgullecerse que aun los cristianos más desamparados pueden tener en su exaltación como hijos de Dios, y a las incontables bendiciones que ofrece esta posición”.6 “La palabra original significa literalmente ‘jactarse’ o ‘gloriarse’”, escribe Thomas Manton, y sigue diciendo: “Esto se refiere al acto más supremo de gozo, aún cuando tal gozo excede los límites de la razón…El gozo comienza a excederse cuando se regocija sobre otras personas; pero cuando se llega a insultarlos, no es nada”.7 

 

2. La prueba de fe a la que se enfrenta el creyente rico

“…Pero el que es rico, en su humillación...”  (v. 10a)

Muchos cristianos han tropezado con estos y otros versículos al creer que la pobreza material o la falta de dinero es una virtud en sí misma y que la riqueza o la abundancia de bienes materiales es algo que debe ser evitado para poder entrar en el reino de los cielos. Pero el mensaje de las Escrituras es que tanto los pobres como los ricos pueden ser salvos y llegar a ser hijos de Dios por medio de la fe en Jesucristo. Es claro que Santiago no intenta en estos versículos alabar la pobreza y denigrar la riqueza, tal como algunos comentaristas han hecho la implicación.8  El objetivo de Santiago es dejar bien claro que lo que verdaderamente importa no es lo temporal y efímero, sino lo eterno y duradero.

 

Es interesante notar que Santiago no dijo: “Pero el que es rico, gloríese en las riquezas”. En lugar de eso, dice que el rico debe gloriarse en su humillación. Una de las verdades que a menudo es pasada por alto, es que los problemas económicos serios tales como la devaluación de la moneda o la caída en la bolsa de valores, pueden dejar en bancarrota aún al hombre más rico. Tales problemas pueden hasta privarle de su salud y llevarlo a tal extremo en donde ni siquiera pueda ganar su sustento diario en el mejor de los casos, o en el peor, hasta suicidarse por la desesperación de quedarse sin nada.

 

Es por eso que Santiago les dice a los cristianos que son prósperos que ellos también deben regocijarse en sus problemas, pues ellos les deben recordar de su verdadera condición en este mundo.  Santiago nos recuerda que el tipo de fe que agrada y honra a Dios, es aquella fe que permanece estable y segura, cuando la vida es fácil y también cuando la vida es dura. En cada problema y dificultad hay ganancia. Cuando aprendamos a vivir esta verdad, entonces podremos testificar poderosamente de la realidad y confiabilidad de nuestro Dios.

 

El creyente que es materialmente rico puede convertirse en una persona arrogante y autosuficiente, incluso puede olvidarse que todo lo que posee se lo debe a la bondad inmerecida de Dios el Padre. Por esa razón, Santiago exhorta al creyente que tiene bienes materiales a gloriarse “en su humillación”. Esta frase puede ser entendida de varias maneras, pero solo mencionaré tres de las más importantes:

Primero, puede significar que el creyente rico ahora se encuentra identificado con Jesucristo quien fue manso, humilde y despreciado por el mundo (Mateo 11:29; Isaías 53:3).

 

Segundo, el creyente rico debe recordar que, sin importar que tan alta sea su posición social en este mundo, su posición delante de Dios es diferente y que si desea ser exaltado, debe primero humillarse: “Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido” (Mateo 23:12).

 

Tercero, debido a que el contexto de estos versículos trata sobre las pruebas, la exhortación de Santiago hacia el creyente rico, bien puede referirse a la experiencia humillante de sufrir persecución por causa de Jesucristo. Tal sufrimiento le enseña que en este mundo no puede contar con un lugar permanente y eterno. Que las riquezas que posee son tan inseguras y transitorias como lo son las flores y la hierba del campo.  El sufrimiento y las tribulaciones le muestran cuan corta y delicada es esta vida.

 

“…porque él pasará como la flor de la hierba.” (v.10b)

Esta frase la encontramos citada en el Antiguo Testamento por el profeta Isaías y tal parece que Santiago tenía en mente las palabras de ese versículo que dice: “Voz que decía: Da voces. Y yo respondí: ¿Qué tengo que decir a voces? Que toda carne es hierba, y toda su gloria como flor del campo” (Isaías 40:6). El apóstol Pedro también escribió algo similar haciendo eco de las palabras de Isaías: “Porque: Toda carne es como hierba, y toda la gloria del hombre como flor de la hierba. La hierba se seca y la flor se cae; Mas la palabra del Señor permanece para siempre” (1 Pedro 1:24,25). Así, Santiago apela al Antiguo Testamento para demostrar lo transitorio de las riquezas y de las posesiones materiales.

 

Al observar la naturaleza y contemplar la belleza de las flores sobre los campos de Israel, Santiago nos da también una importante lección sobre lo atractivo de las riquezas y su respectiva duración. Existe una gran variedad de flores en este mundo. Nos maravillamos al contemplar su belleza mostrada en sus hermosos colores, sus respectivos olores, su textura y su forma. La belleza de las flores es tal, que muchos fabricantes hacen flores artificiales las cuales imitan muy de cerca a las flores verdaderas, con la gran diferencia que las flores artificiales no tienen vida ni contienen fragancia.

 

Cuando Santiago compara las riquezas con las flores del campo, deja al descubierto también cual es la verdadera naturaleza de las riquezas materiales, que aunque son atractivas y muy deseables, son sin embargo, completamente pasajeras y de muy corta duración. Ellas son solo una imitación barata de las verdaderas riquezas espirituales las cuales duran por toda la eternidad.

 

Es por esa razón que es muy fácil ser engañado por las riquezas materiales, debido a que a simple vista parecen ofrecer cierto grado de seguridad y estabilidad. Pero Santiago nos recuerda que el rico pasará así como “la flor de la hierba”. Las riquezas terrenales, al igual que las flores del campo, están destinadas a marchitarse y finalmente a secarse. Si la persona rica en este mundo no tiene otra cosa más que riquezas materiales, todos sus planes, objetivos y proyectos terminarán en la tumba (Santiago 1:11). Pero la gran verdad que Santiago intenta enseñarnos al usar esta similitud, es que ni el sol con todo y su calor, ni el viento abrasador pueden marchitar las riquezas espirituales.

 

11 Porque cuando sale el sol con calor abrasador…” (v.11a) 

 

El sol abrasador al que se refiere Santiago se sentía principalmente a medio día. Se cree que por las tardes solía soplar un caliente viento que terminaba de marchitar las flores y la hierba que el sol no había marchitado durante el día. Algunos comentaristas creen que Santiago se refiere en este versículo principalmente al candente viento que soplaba desde el desierto. William Barclay parece favorecer esta interpretación:  “Santiago pinta un vívido cuadro que era muy familiar a la gente de Palestina. En los lugares desiertos cuando había lluvia muy pronto brotaban los delgados y verdes tallos de hierba. Pero el candente sol los hacía desaparecer en tan solo un día, como si nunca hubieran existido. El calor abrasador se refiere al kauson. El kauson era el viento del sureste, el Siroco. Provenía directamente del desierto y quemaba sobre esas tierras al igual que una ráfaga de aire caliente que sale de un horno cuando se abre la puerta. En una hora podía acabar con toda clase de vegetación”.9    

                                                                                                                                                                                                                                                                                Pero otros comentaristas afirman que este versículo se refiere principalmente al sol, quien es el responsable de marchitar y secar las flores del campo, cuando sale con “calor abrasador”. George H. Guthrie dice que el caliente viento que tenía lugar especialmente en cierta temporada del año “soplaba día y noche, sin estar relacionado con la salida del sol. Por lo tanto, es mejor entender la referencia aquí como el calor abrasador originado por el sol”.10   Y otros, creen que en estos versículos se habla tanto del sol abrasador como del viento solano. Robert Johnstone muestra esta tercera interpretación al decir que “en el pasaje ante nosotros, el apóstol parece referirse tanto al sol y al viento como agentes de destrucción”.11

 

“…la hierba se seca, su flor se cae, y perece su hermosa apariencia…”. (v.11b)

 

La belleza de las flores es comparada con lo atractivo que parece ser la vida lujosa y acomodada de todo rico empresario. Pero la realidad es que las riquezas materiales, al igual que las flores, son de muy poco valor cuando se les compara con las riquezas espirituales. La naturaleza efímera de las riquezas y las posesiones materiales, son una clara similitud de la naturaleza de las flores: bellas y atractivas, pero de muy corta duración. Las flores son capaces de atraer nuestra atención, pero su belleza desaparece tan pronto como sale el sol con su “calor abrasador”.

 

Thomas Manton escribió: “Santiago da una razón del porqué el que es rico debe humillarse aún en medio de su abundancia y su riqueza. La pomposidad de su estatus es solo como “la flor de la hierba”. Este símil es a menudo usado en las Escrituras (Salmos 37:2; Job 14:2: Isa. 40:6,7). Notemos que el apóstol no dice que sus riquezas son las que pasarán como la flor, sino que él es el que pasará junto con sus riquezas. Aún si tuviéramos seguridad sobre nuestras posesiones, no podemos tener seguridad sobre nuestra propia vida”.12 

 

“así también se marchitará el rico en todas sus empresas”. (v.11c)

El creyente que es rico no debe gloriarse en las riquezas o bienes materiales que posee, sino en la gracia de Dios que ha sido suficiente para mostrarle su necesidad del perdón de sus pecados y la importancia de ser “pobre en espíritu”. El creyente rico debe siempre estar conciente que cuando el Señor lo llame a su presencia deberá dejar todas y cada una de sus posesiones materiales. Como persona rica, literalmente se marchitará al morir y pasará de esta vida como la flor de la hierba.

 

Es por esa razón que el creyente en Jesucristo que tiene bienes de este mundo, siempre debe hacerse las siguientes preguntas: ¿De qué valor son las riquezas materiales a la luz de la eternidad? ¿De qué me servirán las posesiones materiales cuando me encuentre al borde de la muerte? Las posesiones y riquezas materiales pueden sernos de ayuda en este mundo, pero son sin ningún valor al momento de morir. Por eso el apóstol Pablo aconseja a los creyentes que tienen riqueza a que no pongan “la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos” (1Timoteo 6:17).

 

Puede ser que el creyente rico tenga grandes planes y proyectos brillantes para el futuro, pero no debe olvidar que el Señor es el que tiene su vida en Sus manos. Tal vez sus planes y proyectos no puedan ser terminados debido a alguna enfermedad grave o a la muerte repentina. O bien puede ser que todas sus metas por las que trabajó y luchó para conseguir durante muchos años, por fin las haya logrado alcanzar, solo para descubrir que le quedan muy pocos días de vida y que no va a poder disfrutar de todos sus logros obtenidos.

 

 

Notas:

 1Por ejemplo, Christopher Morgan y B. Dale Ellenburg haciendo eco de la postura de Martin Dibelius y Ralph P. Martin escriben que “lingüísticamente no es necesario ver al rico como un creyente debido a que la palabra ‘hermano’ (usada para describir al creyente pobre del versículo 9) no es repetida. Teológicamente es más sabio interpretar a la persona rica como un incrédulo debido a que su destino es la destrucción y la ruina (James: Wisdom for the Community, p. 54, Christian Focus 2008, énfasis mío).

2Douglas J. Moo, Zondervan ilustrated Bible Background Commentary: Hebrews & James p.93, Zondervan 2002.

3David P. Nystrom también concuerda en que “existen abundantes razones para ver al rico como un creyente. Gramaticalmente, tanto la palabra “hermano” como la frase “gloríese en” halladas en el v. 9 están conectadas a la frase “pero el rico” del v.10. Además, suponer que los ricos no eran miembros de la comunidad cristiana, parece innecesario desasociar esta sección del énfasis sobre “las pruebas” con las que todo el pasaje se encuentra estampado. Si los ricos están fuera de la comunidad cristiana, ¿Por qué ellos deberían siquiera pensar y preocuparse por vivir de acuerdo a los principios cristianos? (The NIV Application Commentary, p.55, Zondervan 1997).

4Robert Johnstone escribió lo siguiente: “Muchos de aquellos a quienes Santiago escribió eran sin duda esclavos. Pero a ellos se les dice que eran ‘libres en el Señor’. Si el ojo carnal veía a estos pobres creyentes como ‘la escoria del mundo y el deshecho de todos’, la fe podía ver que ellos eran las ‘joyas de Jehová’”. (Lectures on the Epistle of James, p. 91, Klock & Klock 1978).

5Johnstone, op. cit. p. 91

6MacArthur, op. cit. p. 49

7Manton, op. cit. p. 41

8Un buen ejemplo de esto es la postura que toma el pastor Presbiteriano George M. Stulac respecto a las riquezas en este contexto, quien intenta demostrar que las riquezas son malas en sí mismas y que todo verdadero creyente debería tratar siempre de evitarlas. (Ver James: The IVP New Testament Commentary Series, pp. 44-48, IVP 1993)

9William Barclay, The Letters of James and Peter, p.47, The Westminster Press, 1976

10Thomas Manton, James: The Crossway Classic Commentaries, p. 45, Crossway 1995.

11Johnstone, op. cit. p. 95 (énfasis agreagado)

12George H. Guthrie, James: The Expositor’s Bible Commentary, rev. ed. P.218, Zondervan 2006.

 

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