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Capítulo 5

 

LA RECOMPENSA QUE RECIBIRÁN LOS QUE SOPORTEN LAS PRUEBAS

 

"Bienaventurado el hombre que persevera bajo la prueba, porque una vez que ha sido aprobado, recibirá la corona de la vida que el Señor ha prometido a los que le aman".  (Santiago 1:12) (LBLA)

 

Santiago termina la primera parte de su doble introducción1 con una bienaventuranza para el creyente que soporte con paciencia las pruebas y los problemas de esta vida. Este versículo retoma el tema de la perseverancia en medio de las pruebas abordada en los versículos anteriores (1:2-4), y prepara a sus lectores para otro tema que tratará en los próximos versículos (1:13-15). Santiago hace un énfasis especial en este versículo sobre la recompensa que se dará a todos aquellos que soporten las pruebas con paciencia.

 

Debido a la fidelidad y consistencia del creyente bajo las pruebas, Santiago dice que tal creyente es “Bienaventurado”. Y ese parece ser el primer beneficio que obtiene el creyente cuya fe ha sido probada: se convierte en una persona cuyo carácter ha sido moldeado. Al igual que el metal, tal creyente ha sido sometido al fuego de la prueba y ha sido limpiado de toda la escoria. Todas las debilidades e inconsistencias que le hacían ser una persona de “doble ánimo” han sido erradicadas y su carácter ha sido purificado.

 

Es importante reconocer desde el mismo inicio, que Santiago parece hacer una clara distinción entre las pruebas y las tentaciones. Aunque él usa una sola palabra griega para referirse tanto a unas como a otras (peirasmos), dicha palabra puede significar tanto lo uno como lo otro dependiendo el contexto en el que es usada. Varios comentaristas sugieren que Santiago sí hace una distinción entre las pruebas y las tentaciones al escribir estos versículos. Pero otros, creen que Santiago no veía ninguna diferencia entre ambas cosas y que ellas significan lo mismo.2

 

Aunque Santiago usa la misma palabra griega para referirse tanto a las pruebas como a las tentaciones, es importante comprender que las pruebas por ejemplo, tienen su origen en este mundo y son una parte inevitable de este sistema  manchado por el pecado. Pero las tentaciones tienen su origen en el interior de la persona y son el resultado de una naturaleza caída contaminada por el pecado original. Tales tentaciones, contrario a las pruebas, nunca tienen su origen en Dios porque Dios no tienta a nadie, como tampoco puede ser “tentado por el mal” (v.13). Abordaré este tema en detalle en el próximo capítulo.

 

Algo que no podemos negar y de lo que estamos muy concientes debido en gran parte a nuestra propia experiencia, es que el deseo por evitar todo tipo de sufrimientos y tribulaciones siempre será una realidad presente en nuestra propia vida. Por esa razón Santiago cree necesario el animarnos a no intentar evadir las pruebas y tribulaciones, haciéndonos saber cual es la recompensa que Dios nos dará si resistimos las “diversas” pruebas que vengan a nuestra vida. Todo creyente sea rico o sea pobre es bienaventurado si enfrenta las pruebas con paciencia y fortaleza. La palabra “Bienaventurado” (Makarios) tiene un profundo significado en el original griego3 y Santiago hace eco aquí de la misma palabra que Jesucristo usó en las bienaventuranzas del Sermón del Monte (Mateo 5:3-11).

 

Todo aquel que ha sido probado y ha soportado la prueba con paciencia y perseverancia, es alguien cuya fe demuestra no solo ser genuina, sino firme también. Las pruebas de la vida en este mundo no deben ser soportadas con un espíritu de indiferencia o de resignación. Ellas deben ser soportadas con gozo debido a que verdaderamente amamos a Jesucristo y creemos lo que él nos dice en su Palabra: que finalmente todas esas pruebas resultarán en nuestro propio beneficio espiritual. Tal persona recibirá una recompensa por su fidelidad y dependencia en el Señor.

 

Esa recompensa es doble: 1) La recompensa de la bienaventuranza, y 2) La recompensa de “la corona de la vida”.

 

1.     La recompensa de la bienaventuranza (v.12)

 

“Bienaventurado el hombre…” (v.12a)

 

La palabra bienaventurado significa “dichoso” o “afortunado”4 y conlleva la idea de una verdadera felicidad en Dios que no puede ser afectada por las circunstancias externas. De hecho, tal palabra se aplica en las páginas del Nuevo Testamento a aquellas personas que parecieran ser los menos afortunados tales como los pobres, los hambrientos, los perseguidos, los parias y los “don nadie”. Simon J. Kistemaker dice respecto a esto lo siguiente: “¿Quién es el hombre al que la Biblia llama bienaventurado? Es aquella persona que encuentra su completa felicidad en Dios. Tal persona puede ser pobre, sufriente, hambriento o perseguido, pero es feliz. Esto pareciera ser una contradicción. Desde una perspectiva mundana solo aquellos que son ricos y poderosos pueden ser felices. Pero las Escrituras dicen que el varón que ‘soporta la tentación’ es bienaventurado”.5

 

 

La verdadera felicidad que es el resultado de ser “Bienaventurado”, es una cualidad que tiene alcances eternos. Aunque puede ser disfrutada en parte en esta vida, tal felicidad siempre ve hacia el futuro, a la vida plena que tendrá lugar después de la muerte. Esta clase de vida en toda su plenitud, recibe el título de “la corona de la vida”, tal como se puede ver en Apocalipsis 2:10. Por esa razón, los verdaderos creyentes pueden considerarse “Bienaventurados” sin importar las circunstancias por las que se encuentren pasando, debido a que se les ha prometido la corona de la vida. John F. MacArthur nos dice que “Bienaventurado significa mucho más que la simple felicidad de una vida sin preocupaciones, con escasos conflictos y problemas. Más bien denota el concepto de un gozo y una satisfacción interior muy profundos, un gozo que solo el Señor mismo puede impartir a aquellos que, por causa de Él y en su poder, soportan y conquistan fiel y pacientemente las pruebas”.6  

 

“…que persevera bajo la prueba…” (v.12b)

 

Esta frase se refiere a todo aquel que soporta con paciencia y perseverancia las pruebas que le llegan a su vida, contrario a aquellos incrédulos quienes sufren pero no perseveran. Los incrédulos enfrentan los sufrimientos quejándose y hasta maldiciendo. Pero el hombre y la mujer creyentes, perseveran en medio de la aflicción sin quejarse ni renegar de su situación. La perseverancia no trae como resultado la salvación, pero sí es una evidencia de la realidad de la salvación y la vida eterna en aquél que persevera.

 

La versión RVR-1960 usa en este versículo la palabra “tentación” a diferencia de La Biblia de las Américas, que traduce peirasmon como “prueba” y que parece ser la traducción más acertada. Es por esa razón que la prueba a la que Santiago se refiere aquí, es la misma clase de pruebas de las que nos habla en los versículos 2 y 3. La clase de prueba a la que Santiago hace referencia en el v.12 es aquella que viene del exterior y no del interior de la persona. Las pruebas que tienen su origen en el exterior de la persona deben ser soportadas con paciencia, pero las tentaciones que tienen su origen en su interior deben ser resueltamente resistidas.

 

“…porque una vez que ha sido aprobado…” (v.12c)

 

Esta frase nos recuerda el procedimiento que usaban los orfebres al someter el oro al fuego para ser purificado. La versión RVR-1960 traduce esta frase como “porque cuando haya resistido la prueba”, pero la Biblia de las Américas la traduce como “porque una vez que ha sido aprobado” lo cual le da un significado más literal al texto griego original. La palabra griega que usa Santiago para esta frase es dokimos que significa “aprobado” y tiene una relación directa con la palabra griega dokimion que es usada en el v. 3 para referirse a las “diversas pruebas” que vienen a la vida del creyente. Donald W. Burdick escribe lo siguiente respecto a esto: “La palabra “dokimos” que indica que el hombre “ha resistido la prueba”, era usada para describir con éxito el método usado para probar los metales preciosos y las monedas. Se refería al proceso de prueba y también a la aprobación de los objetos probados cuando eran hallados genuinos”.7

 

2.     La recompensa de la corona de la vida (v.12)

 

“…recibirá la corona de la vida…” (v.12d)

 

“La ‘corona de la vida’ debe ser interpretada como la corona que consiste en la vida”, escribe Curtis Vaughan. Y continúa diciendo: “La vida que es prometida es probablemente la vida aquí y ahora, la vida en su totalidad, la vida en toda su plenitud”.8 Varios comentaristas creen que la corona de la que nos habla Santiago en este versículo, no es una corona de oro literal, como tampoco es un premio a nuestro merecimiento humano, sino es más bien, el regalo que nace de la bondad inmerecida del divino Dador: Su salvación por gracia. Daniel M. Doriani hace un acertado comentario sobre esto de la siguiente manera: “Nuestra búsqueda por las coronas es equivocado, si es que deseamos obtener coronas de oro literal. En lugar de eso, “la corona de la vida” es la vida misma, la vida eterna con Dios. “La corona de justicia” es la justicia misma, la justicia de Cristo dada en toda su plenitud. El tener la corona es permanecer por siempre en una relación de amor con el Rey. Si servimos a Dios solo para poder ganar la corona, ¿acaso estamos amando a Dios?”.9

 

Ninguna persona puede ganar o merecer la “corona de la vida”. La vida eterna es un regalo de Dios dado a aquellos que están concientes que no pueden “ganar” o “merecer” el favor de Dios. Simon Kistemaker nos dice que: “Ninguna persona puede ganar la corona de la vida, pues Dios da ese regalo completamente gratis. Dios solo pide que cada persona deposite su confianza total en Él y que le ame con todo el corazón. El amar a Dios con todo el corazón, alma y mente y el amar al prójimo como a uno mismo, constituyen la suma de los Diez mandamientos”.10

 

Todo verdadero creyente que soporta las pruebas con paciencia, es feliz y bienaventurado debido a que refleja la realidad de la obra del Espíritu Santo en su vida. Santiago nos dice que el objetivo de Dios para con nosotros en esta vida es que seamos “completos y cabales” sin que nos falte nada. Pero Su objetivo para con nosotros para la eternidad es “la corona de la vida”. Douglas J. Moo nos da su definición de esta recompensa de la siguiente manera: “La palabra corona (stephanos) algunas veces se refiere a la corona real, pero es más frecuentemente usada para describir una corona de flores dada a los atletas que obtenían la victoria (ver 1 Cor. 9:25) y, de manera figurada, simboliza gloria y honor. Es este último significado que más encaja a aquí. La corona es el emblema del éxito espiritual, dado por el Rey del universo a aquellos que ‘guardan la fe’ en medio del sufrimiento y la tentación”.11

 

“…que el Señor ha prometido a los que le aman”. (v.12e)

 

La corona de la vida es prometida a aquellos que le aman y no meramente a los que “sufren”. Una persona puede sufrir grandemente en esta vida y aún así, no sentir ni el mínimo amor por Jesucristo.12 Por eso, todo creyente debería examinar los motivos que hay detrás de todo lo que hace para el Señor y su obra, pues puede encontrarse sirviéndole por los motivos equivocados. John MacArthur nos comenta que “Un cristiano genuino no es alguien que en determinado momento hizo una profesión de fe en Cristo, sino que es una persona que muestra verdadera fe por un progresivo amor por Dios, que las pruebas y aflicciones no lo pueden dañar, mucho menos destruir, no importa cuan severas sean, o cuanto puedan durar. Como la obediencia a la voluntad de Dios, el amarlo es, sin duda, prueba de la verdadera fe (Jn.14:15; 15:9,10; 1Jn. 2:5,6; 4:16: 5:1-3)”.13

 

El creyente que soporta con paciencia las pruebas y dificultades, puede tener aún en esta vida, cierto vislumbre de lo que será la vida eterna. El mirar hacia esa hermosa recompensa y hacia Aquél que nos la dará, puede convertirse en una fuente de fortaleza en tiempos de pruebas y desánimos. Douglas J. Moo lo menciona de una manera clara y precisa de la siguiente manera: “Algunos creyentes tienen ciertas dificultades con las recompensas, objetando que nuestra obediencia a Jesucristo debería ser pura y desinteresada, no motivada por cualquier consideración de alguna recompensa futura. Esta objeción es comprensible, y ciertamente es el caso que muchos cristianos traen esa clase de mentalidad calculadora y “ambiciosa” en su servicio al Señor, preguntando en cada oportunidad: ¿Qué es lo que me darán a cambio? Pero el incentivo a contemplar la recompensa celestial se encuentra a través de todo el Nuevo Testamento como una motivación a nuestra fidelidad en medio de las circunstancias difíciles aquí en esta tierra. El mantener nuestros ojos  en el premio, puede ayudar a motivarnos para que mantengamos la integridad espiritual cuando nos enfrentamos con las tentaciones y los sufrimientos de esta vida terrenal”.14

 

El amor a Dios del que nos habla Santiago, no consiste en un mero sentimentalismo o en una emoción puramente pasajera. Tampoco es esa clase de amor que consiste en palabras solamente, sino en acciones que demuestran nuestro verdadero amor por él, tal como Cristo lo dijo en Juan 14:15, “Si me amáis, guardad mis mandamientos”. Es una gran contradicción el profesar amor y devoción por Jesucristo y rehusar someterse a su voluntad al mismo tiempo. Spiros Zodhiates comenta que un joven enamorado pasó toda una tarde diciéndole a su novia lo mucho que la amaba y que no podía vivir sin ella, que por ella estaba dispuesto a ir hasta el fin de la tierra, aún hasta pasar por el fuego si era necesario, e incluso hasta morir por ella. Pero cuando se encontraba despidiéndose de ella, le dijo: “Te veo mañana por la tarde, si es que no llueve”. “Cuan a menudo decimos que amamos a Dios” apunta Zodhiates, “sin embargo, cuan a menudo lo negamos por medio de nuestras acciones”. Y continúa diciendo: “Cristo dará la corona de la vida solo a aquellos que le aman en palabra y en obra”.15

 

Rudolf Stier (1800-1862) en sus discursos sobre la epístola de Santiago dijo lo siguiente respecto a lo que Dios espera de nosotros si verdaderamente le amamos: “Esto es finalmente la fortaleza más profunda y el poder victorioso de la fe en la paciencia, el no ser separado del amor de Dios….Por lo tanto, no debemos amar al mundo sino al Padre; no debemos amar nuestra propia vida hasta la muerte; contemos todas las cosas con gozo puro, el cual nos puede ayudar a poner nuestro amor sobre Él quien nos amó de tal manera que podamos recibir la corona de la vida”.16

 

 

Notas:

 

1 Los temas principales y estructura misma de la epístola de Santiago, es algo de lo más difícil de poner en un orden lógico y coordinado. Por esa razón, algunos comentaristas como Martin Dibelius han criticado a la epístola de Santiago diciendo que carece de unidad estructural en su pensamiento, incluso llegando a creer que esta epístola es un conjunto de pensamientos sin ninguna conexión lógica entre sí. Sin embargo, estudios rigurosos más recientes de esta epístola muestran que ese no es el caso. Algunos han llegado a la conclusión que “Santiago elaboró muy cuidadosamente la estructura de su epístola para enfatizar sus principales preocupaciones y mover a sus oyentes a las acciones deseadas” (Guthrie, p.203).

 

George H. Guthrie es uno de los eruditos modernos que creen que la epístola de Santiago tiene un orden  lógico y coherente cuyos pensamientos se encuentran interconectados entre sí por medio del uso de varias herramientas literarias. La primera característica estructural de Santiago es su “doble introducción” (1:1-27). Guthrie nos dice lo siguiente respecto a este aspecto peculiar de la epístola de Santiago: “Siguiendo una apertura epistolar, Santiago introduce el libro con una doble introducción (Taylor, 24-29; Davids, 25,27; Francis, 111-18), un convenio literario que F. O. Francis ha demostrado que era usado en cartas de ese periodo. Santiago usa su doble introducción para abordar el tema programático para toda la epístola “Viviendo por medio de la sabiduría espiritual”. La primera parte de esta doble introducción explora el tópico titulado “enfrentando las pruebas con sabiduría espiritual” (1:2-11), y cuenta con tres sub-unidades principales “los beneficios espirituales de las pruebas” (1:2-4), “la necesidad de sabiduría espiritual” (1:5-8), y “Actitudes sabias para los ricos y los pobres” (1:9-11). La sección se encuentra entrelazada por un inclusio que se abre en 1:2 y se cierra en 1:12, diseñado con el tema “Perseverancia bajo las pruebas” (Taylor 88). Noten que en el centro de 1:2-11 surge la necesidad de pedir por sabiduría espiritual  (1:5-8).

 

“Sin embargo, el v.12 también forma la apertura de otro inclusio marcando el principio de la segunda mitad de la doble introducción y cerrando en 1:25 (Taylor, 86-89). El inclusio es formado por el tema de “la persona bienaventurada” en 1:12 y 1:25. Por lo tanto, el v.12 forma un tipo único de transición, el cual puede ser llamado también como “conexión de ambas partes”, ya que une el final de la primera mitad de la doble introducción con el inicio de la segunda mitad (Guthrie, 102-3; Taylor, 114). En el v. 12 el autor reitera el tema de la perseverancia bajo las pruebas abordada en 1:2-4 y conduce a la discusión de la verdadera naturaleza de la tentación. En un sentido entonces, el v.12 no pertenece exclusivamente ni a la primera mitad de la introducción ni tampoco a la segunda mitad, sino mas bien sirve como un enlace que une a las dos”. [George H. Guthrie, The Expositor’s Bible Commentary: Hebrews-Revelation, Revised Edition, p. 204] (Zondervan 2006)

 

2Por ejemplo, Juan Calvino fue uno de los comentaristas que creían que las pruebas son distintas a las tentaciones, pues escribió lo siguiente: “Yo sé que la palabra tentación puede ser tomada en otro sentido, como refiriéndose a los dardos del deseo los cuales se incrustan en el corazón, pero considero que esta bienaventuranza es por la fortaleza frente a la adversidad, creando una paradoja que dice que los bienaventurados no son aquellos que comúnmente se les llama así, sino aquellos que no son aplastados por sus problemas” (John Calvin, The epistle of James and Jude, p.267, Eerdmans 1980).  Pero uno de los comentaristas modernos que cree que Santiago no hace diferencia entre “pruebas” y “tentaciones” es David P. Nystrom quien escribe que “Lo que es una “prueba” para alguna persona puede ser muy bien motivo de “tentación” para otra…Lo que hace de una “prueba” una “tentación”, no es que Dios nos haya puesto en tal posición, sino mas bien, que nosotros desobedecemos voluntariamente a Dios cuando vemos la mala fortuna como una de Sus tentaciones para que le neguemos. Se requiere discernimiento espiritual para poder ver en las dificultades la posibilidad de crecimiento. Aquellos que no lo ven así, son más vulnerables al señuelo de los malos deseos dentro de ellos” [David P. Nystrom, The NIV Application Commentary, p. 79] (Zondervan, 1997).

 

3Respecto al significado de esta palabra, es interesante lo que dice el Dr. Spiros Zodhiates en su obra titulada “The Complete WordStudy Dictionary” del Nuevo Testamento: “...El creyente es habitado por el Espíritu Santo debido a Jesucristo y como resultado, debería estar totalmente satisfecho sin importar sus circunstancias. La palabra makarios difiere de la palabra “feliz” en donde la persona es feliz debido a que tiene buena suerte (Nota: en inglés la palabra feliz es “happy” y Zodhiates dice que “esta palabra viene de la raíz “hap” cuyo significado es la buena suerte debido a las circunstancias favorables”). El ser makarios, o bienaventurado, es equivalente a tener el reino de Dios dentro del corazón (Mateo 5:3,10). Aristóteles contrasta la palabra makarios con endees (1729), el necesitado. Makarios es aquel quien está en el mundo pero que se encuentra separado del mundo. Su satisfacción viene de Dios y no debido a sus circunstancias favorables” [Spiros Zodhiates, The Complete WordStudy Dictionary of the New Testament, p. 937,] (AMG Publishers 1993).     El Diccionario Teológico del Nuevo Testamento de Kittel, también da su definición de la palabra makarios de la siguiente manera: “La característica especial en el Nuevo Testamento, es el uso de la palabra para describir el gozo distintivo el cual viene por medio de la participación en el reino divino. El verbo makarizo ocurre solo dos veces, primero en Lc. 1:48 para describir la bendición de la madre del Mesías por todas las generaciones y segundo,  en Santiago 5:11 con referencia a aquellos que perseveran. El enunciado makarismos ocurre tres veces: en Gálatas 4:15 refiriéndose a la bendición de recibir el evangelio y en Romanos 4:6,9 para describir el perdón de pecados. La palabra makarios es muy común, usualmente en las bienaventuranzas directas. La referencia es a las personas, y el macarismo en la tercera persona, consiste de un predicativo Makarios, después la persona y finalmente la razón en una cláusula subsidiaria....La verdadera felicidad no es para los ricos y seguros, sino para los pobres y oprimidos quienes son ricos en piedad, pureza y paz. La bienaventuranza es también para los perseguidos, para aquellos quienes oyen el mensaje del evangelio (Mateo 13:16), para aquellos quienes lo reciben en fe (Lc.1:45), para aquellos que no albergan incredulidad (Juan 20:29), para aquellos que velan (Lc.12:37), para aquellos que soportan y perseveran (Sant.1:12), y para aquellos que entienden las palabras y obras de Jesús (Juan 13:17)” [Gerhard Kittel And Gerhard Friedrich, traducido y abreviado en un solo volumen por: Geoffrey W. Bromiley, Theological Dictionary of the New Testament, p.549,] (Eerdmans 1985). 

 

4El Diccionario Porrúa de la lengua española da su definición de la palabra “Bienaventurado” de la siguiente manera: “Que goza de Dios en el cielo. Afortunado, feliz. Dícese de la persona muy sencilla o cándida” [Diccionario Porrúa de la Lengua Española p.97,] (Editorial Porrúa 2003).

 

5Simon J. Kistemaker, New Testament Commentary: James, John, Peter & Jude, p.46, (Baker Books 2004).

 

6John F. MacArthur, Santiago: Comentario MacArthur del Nuevo Testamento, p. 51, (Editorial Portavoz 2004).

 

7Donald W. Burdick, James: The Expositor’s Bible Commentary, p.171 (Zondervan 1981).

 

8Curtis Vaughan, James: Bible Study Commentary, p.28 (Zondervan 1969).

 

9Daniel M. Doriani, James: Reformed Expository Commentary, p.33, énfasis agregado (P&R Publishers, 2007).

 

10Simon J. Kistemaker, op. cit. p.47

 

11Douglas J. Moo, James: Tyndale New Testament Commentaries, p.70, énfasis agregado (Eerdmans 1985).

 

12Robert Johnstone nos dice cuales son las características de los que verdaderamente aman al Señor: “Esta recompensa es prometida a ‘los que le aman’, es decir, a todos aquellos verdaderamente piadosos, pues el amor a Dios es la esencia de la piedad. Dondequiera que la piedad se encuentre presente, allí hay vida espiritual; y dondequiera que ella se encuentre ausente, no importa cuán completo sea el decoro de la conducta moral y cuán aparente sea la observancia religiosa, solo puede haber muerte espiritual” [Robert Johnstone, Lectures On The Epistle of James, p.99] (Klock & Klock 1978).

 

13John F. MacArthur. Op. cit. p. 52 énfasis agregado

 

14Douglas J. Moo, The Letter of James: The Pillar New Testament Commentary, p. 71, (Eerdmans 2000)

 

15Spiros Zodhiates, The Book Of James: Faith, Love & Hope, p. 48, (AMG Publishers, 1997)

 

16Rudolf Stier, Commentary on James p. 246, [James Family Christian Publishing, 1979]

 

Copyrigth: Daviel D'Paz,  2008