main_page.htmlacerca_de_mi.htmlarticulos.htmlmensajes_por_temas.htmlmis_bosquejos.htmlenlaces.htmlvideos_y_audios_en_ingles.htmlproyecto_macedonia__1.htmllibros_recomendados.html

INTRODUCCIÓN

 

 

Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo, a las doce tribus que están en la dispersión: Salud (1:1).     

 

 

1. EL AUTOR DE LA EPÍSTOLA

El escritor de esta breve epístola se identifica a sí mismo como Santiago “siervo de Dios y del Señor Jesucristo”. ¿Quién era este Santiago? En el Nuevo Testamento encontramos por lo menos tres personajes sobresalientes que llevaban ese mismo nombre de Jacobo o Santiago en honor al patriarca Jacob del Antiguo Testamento.

 

1) Jacobo el hijo de Zebedeo y hermano de Juan. Este Jacobo era un pescador y fue llamado por Jesucristo a seguirle convirtiéndose en su discípulo (Mateo 4:17-22). Marcos y Lucas nos brindan un dato peculiar de estos dos hermanos a los que les apodaban “Boanerges” o “hijos del trueno” debido a su carácter impulsivo (Marcos 3:17, Lucas 9:51-56).

 

2) Jacobo el hijo de Alfeo, fue otro de los discípulos de Jesús que llevaba ese nombre pero que no es muy destacado en las páginas del  Nuevo Testamento y por lo tanto, la mayoría de los comentaristas lo descartan como el posible autor de dicha epístola (Mateo 10:3).

 

3) Jacobo el hermano del Señor (Gálatas 1:19). De todos los Jacobos que encontramos en el Nuevo Testamento, solo Jacobo el hijo de Zebedeo y Jacobo el hermano del Señor ocupan un lugar prominente. Sin embargo, tal como Douglas J. Moo lo menciona, “Jacobo el hijo de Zebedeo murió como mártir en el año 44 d. C, (Hechos 12:2) y es muy improbable que dicha epístola haya sido escrita en una fecha tan temprana como esa”.1  

 

Debido a dichas evidencias, tal parece que fue Jacobo el hermano del Señor el que escribió la epístola que lleva su nombre, aunque todavía no existe un acuerdo generalizado entre los distintos eruditos y comentaristas bíblicos respecto a esto. La Biblia nos dice que Jesucristo tuvo hermanos y hermanas (Mateo 13:55,56), y uno de sus hermanos se llamaba Jacobo o Santiago. La Biblia también nos dice que al principio del ministerio terrenal de Jesucristo, sus hermanos “no creían en él” (Juan 7:1-5). Pero después de su muerte y resurrección encontramos a los hermanos de Jesús en el aposento alto orando con los discípulos (Hechos 1:14).

 

Algo radical debió haberles ocurrido a los hermanos de Jesús después de su muerte. Una pista importante de lo que les debió haber ocurrido la encontramos en 1 Corintios 15:7, en donde leemos que Jesucristo se le apareció a Jacobo después de haber resucitado de los muertos. Este acontecimiento pudo haber sido el que puso un fin a la incredulidad de los hermanos de Jesús respecto a su identidad como el Mesías. Jacobo bien pudo haber sido un elemento clave en testificarles a sus propios hermanos y hermanas acerca de la resurrección de Jesucristo de entre los muertos debido a que fue también un testigo ocular de su resurrección.

 

Después vemos a este mismo Jacobo ocupar un lugar prominente en la iglesia de Jerusalén y fue él quien fungió como moderador en el Primer Concilio de Jerusalén registrado en Hechos 15. El mismo apóstol Pablo reconoce la importancia del liderazgo de Jacobo y se refiere a él como “columna” (Gálatas 2:9,12).

 

No tenemos mucha información biográfica acerca de Santiago en el Nuevo Testamento, aunque los escritos extrabíblicos dicen que él murió como mártir en el año 62 d. C. Hegesipo, un historiador de la iglesia de los primeros siglos quien escribió alrededor de los años 175-189 d. C., habla de él de manera elocuente especialmente como un hombre de oración. Nos dice que “Santiago vivía una vida santa absteniéndose de tomar vino o bebidas fuertes”. También dice que Santiago “pasaba tanto tiempo en oración que sus rodillas estaban tan encallecidas como las rodillas de los camellos”.2  

 

Flavio Josefo, uno de los primeros historiadores judíos de la era cristiana escribió que “Santiago fue traído a juicio debido a la instigación del sumo sacerdote Ananías durante un tiempo cuando no había gobernador romano. Se le acusaba de quebrantar la ley y fue apedreado hasta morir en el año 62 d. C”.3  R. T. Kendall hace un interesante comentario acerca de la muerte de Santiago diciendo: “Este hombre Santiago, quien intentó ser tan reconciliador –especialmente con sus compatriotas judíos al sostener en alto la ley y al mantener una continuidad con Moisés-, fue al final de cuentas asesinado, no por los gentiles ni por César, sino por los sumos sacerdotes por violar la ley. Esto nos muestra que una vez que te identificas con Jesucristo, aunque te esfuerces por agradar a tus enemigos, esa ofensa siempre será suficiente para hacerte objeto de hostilidad”.4  

  

Es interesante la manera en la que Santiago se refiere a sí mismo como un “siervo de Dios y del Señor Jesucristo”.  No hace alarde de su parentesco en la carne con Jesucristo como su hermano, sino mas bien, se refiere a él como su siervo. Esta actitud nos habla mucho de la humildad que debió haber caracterizado a Santiago, ya que lejos de adjudicarse una posición honorable por ser “el hermano del Señor”, prefiere identificarse literalmente como un “esclavo”. Podemos imaginarnos la terrible lucha que debió haber enfrentado antes de poder reconocer a su propio hermano en la carne como el “Señor”, un título que lo identificaba con el Jehová del Antiguo Testamento, el Dios de Israel.

 

La transformación de Santiago es asombrosa: desde oponerse y burlarse de su medio hermano al principio, hasta llegar a servirle y a morir por él al final. Santiago no fue un seguidor de Jesucristo “solo de lejos”. Mas bien, llegó a consagrarse tanto a su Señor viviendo una vida de santidad coronándolo como el Señor en todas las áreas de su vida, que aún estuvo dispuesto a morir por  él.

 

2. LOS RECEPTORES DE LA EPÍSTOLA

 

“...a las doce tribus que están en la dispersión: Salud” (1:1)

 

Es interesante el observar quienes fueron los recipientes de la epístola que Santiago escribió. Él se refiere a ellos como “las doce tribus que están en la dispersión”.  Douglas J. Moo nos dice que “las doce tribus ya no existían físicamente, pero el título se había convertido en una forma de describir al Israel espiritualmente renovado que Dios crearía en los ‘últimos días”.5  Esta frase de las doce tribus proviene del Antiguo Testamento y se refiere en un sentido general a todo el pueblo de Israel. Pero si no se podía ya establecer con certeza la identidad de las doce tribus después de que Judá fue conquistada y tanto Jerusalén como el templo fueron destruidos, lo más probable es que Santiago se está refiriendo con estas palabras a todos los creyentes en Jesucristo, tanto judíos como gentilesy que ahora era el nuevo "Israel de Dios".

 

Harold Fickett hace una observación un tanto diferente a la que hace Moo respecto a lo que Santiago quiere decir con la frase de las doce tribus:  “Cuando Jesucristo vino anunciando que él era el cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento concernientes a la venida del Mesías, habían personas en casi todas las comunidades del mundo conocido quienes por lo menos se encontraban familiarizados con las enseñanzas del Antiguo Testamento para poder dar una explicación honesta de esas profecías. En otras palabras, Dios había preparado una misión a nivel mundial en donde el evangelio podía ser predicado efectivamente. Es cierto que no todos los judíos que se encontraban en diferentes partes del mundo aceptaron a Jesucristo como el Mesías. Sin embargo, fue de las sinagogas de los judíos de donde salieron los primeros convertidos al cristianismo. No fue mucho tiempo después del nacimiento de la iglesia cristiana que comenzó a existir una comunión de creyentes provenientes del judaísmo. Fue a estas personas a las que Santiago dirigió su epístola”.6  

 

En base a estas dos observaciones, podemos concluir que el punto de vista sostenido por Douglas J. Moo es el mas correcto, debido a que Santiago tiene en mente ya no a un pueblo etnicamente Israelita, sino mas bien, tiene en mente a todos aquellos creyentes en Jesucristo que ahora eran parte del NUEVO ISRAEL DE DIOS bajo el Nuevo Pacto. Afirmar que el apóstol Santiago dirige su carta a todos aquellos Judíos que se habían convertido al cristianismo y que se encontraban en la dispersión por todo el mundo romano fuera de las fronteras de Israel tal como lo hace Fickett, carece de apoyo escritural e historico, pues las doce tribus del Israel etnico ya no existian en ese tiempo. 

 

3. EL MOTIVO DE LA EPÍSTOLA 

 

Existen distintas opiniones en cuanto al motivo de la epístola, pero solo una es relevante para nuestro estudio y esa es la que trataré de abordar. Por ejemplo, el apóstol Pablo escribió la epístola a los Gálatas para aclarar y enfatizar ciertas deficiencias doctrinales que se estaban suscitando con respecto a si los creyentes en Jesucristo debían o no observar la ley de Moisés con sus ritos y ceremonias.

 

Pero en cuanto a la epístola de Santiago es totalmente distinto debido a que el autor no escribe su carta a alguna congregación en particular, como tampoco la escribe para corregir ciertas deficiencias doctrinales en la iglesia o las iglesias. Derek Tidball cita a Richard Bauckham comentando lo siguiente respecto al motivo de la epístola:  “Estoy convencido que la epístola es una carta oficial o encíclica la cual Santiago como líder de la iglesia en Jerusalén dirige a todos sus compatriotas y compañeros creyentes en la diáspora judía”.7

 

Y tal como Tidball hace su propio comentario después de haber citado a Bauckham:   “Si esto es así, entonces es innecesario intentar descubrir una situación en particular que se encontraba detrás  del motivo para la epístola. De hecho, detalles particulares los cuales se relacionan solo con situaciones especificas deberían ser dejados de lado a favor de abordar lo que eran situaciones típicas. Santiago no necesitaba conocer precisamente en detalle lo que estaba sucediendo en cada una de las iglesias en particular. Como sabio pastor, conocía lo suficiente como para escribir inteligente y perceptiblemente consejos espirituales los cuales, probarían ser de valor dondequiera que la carta fuese leída”.8        

Como podemos ver, Santiago no escribió su carta para abordar un tema en particular a una iglesia en particular. Más bien, su carta fue escrita con el propósito de exhortar y animar a todos los creyentes tanto judíos como gentiles que se habían convertido al cristianismo, para que vivieran de manera consistente la fe que ellos habían creído y que profesaban tener.

 

Clayton K. Harrop nos brinda el siguiente comentario:  “No hay nada en esta epístola que indique el motivo que la propició. Si existió una crisis urgente la cual impulsó a Santiago a sentarse y a escribir estas palabras, no sabemos nada de eso. Sin embargo, el propósito que Santiago tenía en mente es bien claro: Él la escribió en un esfuerzo por convencer a aquellos judíos que se habían convertido en creyentes en Cristo, para que su estilo de vida fuera consistente con su profesión de fe. No todos los miembros de las iglesias se encontraban viviendo de acuerdo a su profesión. Santiago les escribió con la esperanza de que ellos prestaran atención al significado básico de su fe. En otras palabras, él se encontraba preocupado con las irregularidades éticas y morales en la vida de sus lectores. Los animaba a que vivieran su fe de tal manera que ésta fuera demostrada por sus obras”.9

 

Santiago menciona varios problemas o deficiencias en la vida del creyente, debido a que su vida no era consistente con lo que profesaban. Pero todas esas deficiencias tenían y continúan teniendo un solo origen: la inmadurez espiritual. Cuando no existe madurez solo reina la inconsistencia. Aunque muchos comentaristas a través de los años han afirmado que la epístola de Santiago es un conjunto de enseñanzas y exhortaciones sin ninguna relación y orden entre sí, la verdad es que esta epístola tiene una relación y un mensaje central muy claro.

 

Y ese mensaje central en toda la epístola de Santiago es la madurez espiritual, tal como Warren W. Wiersbe lo menciona:  “Pero Santiago no se encontraba discutiendo un conjunto de problemas misceláneos. Todos esos problemas tenían una causa común: la inmadurez espiritual. Esos creyentes simplemente no se encontraban creciendo....La madurez espiritual es una de las grandes necesidades en las iglesias de hoy. Demasiadas iglesias son solo guarderías de niños en lugar de ser talleres para personas adultas....Después de más de veinticinco años en el ministerio, estoy convencido que la inmadurez espiritual es el problema número uno en nuestras iglesias. Dios se encuentra buscando hombres y mujeres maduros para que lleven a cabo Su obra, pero demasiadas veces lo único que encuentra son solo niñitos que no pueden ni siquiera llevarse bien entre ellos mismos”.10

 

Muchos de esos creyentes en Jesucristo habían tenido que huir de la persecución que se había desatado en Jerusalén con la muerte de Esteban mencionada en Hechos 8:1-12.  Muchos otros tal vez se habían establecido en diferentes provincias del vasto imperio romano debido a sus trabajos o por algunas otras razones. Era natural que Santiago como guía espiritual de los creyentes en Jerusalén en ese tiempo, se preocupara por aquellos creyentes que ahora eran sus hermanos en la fe y que se encontraban dispersos en distintos lugares, deseando ministrarles  espiritualmente aunque fuera solo por carta. John MacArthur parece estar de acuerdo con este punto de vista al escribir lo siguiente:

 

“Por el mensaje de la carta misma, así como por el hecho de que Santiago se dirige a menudo a sus lectores como hermanos, es evidente que está escribiéndoles a los Judeocristianos. Es probable que la mayoría de aquellos creyentes se convirtieron en Jerusalén o cerca de la ciudad, y hasta cierto punto pudieron haber estado alguna vez bajo el cuidado pastoral de Santiago. El público principal de Santiago eran los judíos que habían huido debido a la persecución y que todavía estaban sufriendo pruebas por causa de su fe (1:2). Para darles confianza, esperanza y fortaleza para soportar aquellas pruebas, Santiago les dio una serie de pruebas por las que podían determinar la autenticidad de su fe”.11   

 

 

Notas:

1Douglas J. Moo, James: Tyndale New Testament  Commentaries, p. 20  IVP, 1985.

2Citado de, James: faith in Action, G. Coleman Luck, Moody 1954,   p. 11

3Antigüedades de los Judíos, xx, 9, 197-203.

4R. T. Kendall, Justification By Works, p. 7, Authentic Media 2005.

5Moo, Op. Cit.   p. 58.

6Harold L. Fickett, James: Faith that works, p.5  G/L Pub. 1972.

7Derek Tidball, Wisdom from Heaven, p. 12, Christian Focus Publications 2003

8Tidball,   Op. Cit. p. 12

9Clayton K. Harrop, The Letter Of James, p. 15, Convention Press 1969 (Cursivas en el original).

10Warren W. Wiersbe, James: Be Mature,  p. 13, Charriot Victor Publishing, 1978.

11John MacArthur, Santiago: Comentario MacArthur del Nuevo Testamento, p. 23, Portavoz 2004.

 

Copyright: Daviel D'Paz, 2008