main_page.htmlacerca_de_mi.htmlarticulos.htmlmensajes_por_temas.htmlmis_bosquejos.htmlenlaces.htmlvideos_y_audios_en_ingles.htmlproyecto_macedonia__1.htmllibros_recomendados.html

Tema: “Solo una cosa es necesaria”

Lucas 10:38-42

 

 

Introducción:  La adoración se encuentra en el mero centro de todo lo que somos y hacemos en la vida cristiana.  Es importante que nos ocupemos en la labor de llevar el mensaje de salvación a las almas perdidas, pero antes de que podamos representar a Jesucristo como debemos o imitarle en nuestra atención hacia otros, debemos invertir tiempo con él y aprender de él.

 

Marta y María a menudo son contrastadas como dos ejemplos de cada creyente y quienes deben escoger solo una opción:  o ser un servidor como Marta o ser un adorador como María. Pero el deseo de nuestro Salvador es que imitemos a María en nuestra adoración y a Marta en nuestras labores cristianas.  Charles Wesley escribió este mismo concepto en uno de sus himnos: “Fiel al mandato de mi Señor, prefiero escoger la mejor parte; servirle cuidadosamente con las manos de Marta y amarle con el corazón de María”.

 

1)  Marta como todo buen anfitrión recibió a Jesucristo en su hogar pero lo desatendió al quererle preparar una cena que él no necesitaba (v. 38).

a)  Lo que hacemos con Jesucristo es mucho más importante que lo que hacemos para él.

 

b)  Tal vez María comenzó a preparar la cena junto con su hermana pero después la dejó sola para ir a “alimentarse” con las enseñanzas de Jesucristo.

 

c)  Marta se molestó por la actitud de María cuando abandonó la cocina y comenzó a quejarse y a reclamarle a Jesucristo que ni a él ni a María le importaba que ella hiciera todo el quehacer por sí sola (v. 40).

 

d)  Lo que Marta no entendía era que intentar trabajar para Jesucristo sin tomarse el tiempo para escucharle y tener comunión con él, no solo es algo infructuoso, sino que es también dañino para la vida cristiana (Juan 15:5).

 

e)  María había escogido la “buena parte”, esa parte que nadie podía quitarle porque ella sabía que “no solo de pan vive el hombre” (Mateo 4:4).

 

f)  Si alguna vez nos sentimos impulsados a criticar a otros y a lamentarnos porque nos sentimos sobrecargados de trabajo, es mejor que examinemos nuestra vida. Puede ser que en todas nuestras muchas actividades hemos estado ignorando al Señor como lo hizo Marta.

 

g)  El problema de Marta no era que tuviera demasiado trabajo que hacer, su problema era que ella había permitido que el trabajo la distrajera y la apartara de la intimidad con Jesucristo.

 

2)  La actitud de María al sentarse a los pies de Jesús nos dice mucho de lo que había en su corazón (v. 39).

A) El sentarse a los pies de Jesús nos habla de humildad.

a) Sentarse a sus pies es la actitud de un penitente al reconocer que es indigno.

 

b) Sentarse a sus pies es también la actitud de un discípulo al confesar su ignorancia.

 

c) Sentarse a sus pies es la actitud de un necesitado al reconocer su pobreza espiritual.

d) Es indispensable para nuestra vida espiritual que sigamos el ejemplo de María y que diariamente nos sentemos “a los pies de Jesús” para poder alimentarnos con sus palabras.

 

3)  La parte más importante de la vida cristiana es aquella que solo Dios ve y valora (v. 42)

a)  Si no apartamos un tiempo para sentarnos a los pies de Jesús diariamente, terminaremos el día al igual que Marta: ocupados pero no bendecidos.

 

b)  No debemos permitir que nuestras ocupaciones diarias, incluyendo aquellas ocupaciones en el trabajo del Señor nos priven de la adoración y comunión íntima con él.

c)  La parte más importante de nuestra vida espiritual es nuestra comunión con él y esa comunión nos capacitará para ser más productivos en nuestro trabajo en Su obra.  Jesucristo nos llama a una vida adoración pero también de servicio en su obra.

 

d)  María conocía cual era el secreto de una vida que agrada a Dios: Que el amor que sentimos por Jesucristo no podemos expresarlo solo con nuestro servicio a él, sino a través de nuestra devoción por él.

 

Conclusión: A veces decimos que todas las cosas que tenemos le pertenecen al Señor; cosas como nuestra vida, nuestro tiempo o nuestro dinero. Pero ¿Cuánto tiene él de nuestra atención? Las buenas cosas de esta vida tales como nuestra familia, nuestro trabajo, incluso nuestro servicio en su obra, pueden comenzar a ahogar nuestra relación con Dios si no somos cuidadosos en este aspecto. Entre más valoramos la presencia de Dios en nuestra vida y la comunión con Jesucristo como lo más importante y lo más necesario, nos damos cuenta de que Él es lo que hace la gran diferencia en nosotros.

 

Copyright: Daviel D'Paz, 2008